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Cómo no iba a resultar intrigante que los 56 minutos de la cinta comenzaran con una inscripción en letras adornadas donde se leía: "Cine-novela para defender del olvido un precioso episodio de la historia contemporánea". Y cómo no iba a despertar curiosidad la escena en la que un 'Tío Sam', en el vértice inferior izquierdo del encuadre, miraba de soslayo, caminaba en puntillas, alargaba sus manos y con sus largas garras de oro arrancaba el trocito del mapa correspondiente a Panamá.
Cómo no iba a resultar una provocación ese filme que transcurría en Rascacielos, ciudad de Yanquilandia, y cuya exhibición incomodó a tal punto al gobierno de Estados Unidos que recomendó censurarla en América Latina. Y cómo no iba a resultar fascinante saber que quien estuvo detrás de esto fue un caleño con seudónimo italiano.
Garras de oro (1926) tenía todos los elementos para despertar la atención de los cinéfilos. De hecho constituía un acertado ejemplo del llamado 'cine huérfano', clasificación que se refiere a las películas perdidas, secuestradas, escondidas, mutiladas, olvidadas, dañadas, anónimas o apócrifas que revelan algo interesante para la historia del cine o para las sociedades donde han sido producidas o difundidas. Por eso hoy, junto con otras nueve cintas, Garras de oro es parte de la Colección cine silente colombiano, recientemente publicada por la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.
Adiós, Panamá
La película describe hechos ocurridos entre 1903 -año de la separación de Panamá- y 1914, cuando se inauguró el Canal. En ese contexto tiene lugar un romance entre la hija del cónsul colombiano en Rascacielos y un periodista estadounidense que, para librarse de una acusación por calumnia, busca pruebas para demostrar que el presidente Teodoro Roosevelt no era digno de la reelección por haber incumplido un tratado internacional en el que Estados Unidos se comprometía a apoyar el desarrollo del canal interoceánico sin desmembrar a Colombia.
Un argumento muy actual en estos tiempos en que tanto se discute sobre la soberanía nacional. De hecho, Ramiro Arbeláez, profesor de Historia y estética de los medios audiovisuales en la Universidad del Valle, y Juana Suárez, profesora de cine latinoamericano en la Universidad de Kentucky (Estados Unidos), no han ahorrado esfuerzos para recuperar la historia detrás de Garras de oro y demostrar su relevancia en la historia del cine.
Así lo hicieron el pasado 5 de agosto durante la conferencia "Una muda conspiración contra Roosevelt: Garras de oro (The dawn of justice)", presentada en el marco del Congreso de Colombianistas realizado en la Universidad de Virginia. Por cierto, las palabras en inglés -que traducen 'la alborada de la justicia'- son el título como se le conoce en Estados Unidos.
Una aparecida
Todo empezó en los Archivos Nacionales de Washington en 1982. El historiador Jorge Orlando Melo buscaba información sobre las relaciones bilaterales entre Colombia y Estados Unidos en la década de 1920 y de repente se topó con una serie de documentos que hacían referencia a una película de la cual no había oído hablar. Dejó todo de lado y se puso a leer.
Una carta del Departamento de Estado dirigida a los cónsules en América Latina les hablaba de la existencia en Colombia de una película titulada Garras de oro, que tenía un mensaje contra Estados Unidos y por tanto les pedía que hicieran todas las gestiones posibles para que no fuera presentada. También había varias respuestas de distintas partes. "La carta que más recuerdo -narra el historiador- era una de San José de Costa Rica, firmada por el cónsul, que en esencia decía: 'No hay que preocuparse, pues yo soy el dueño de todos los teatros de San José y me encargaré de que no se publique' ".