Seducido por la cumbia, el pasado junio el músico guyanés Mad Professor aceptó una invitación del British Council, hizo maletas y vino a pasar dos semanas en Colombia. El experto en dub music -derivación del reggae- estaba tan encantado que se asoció con el músico local experimental Mario Galeano y su agrupación Frente Cumbiero para crear una producción entera que exaltara las similitudes entre el ritmo colombiano, el reggae y el ska. El resultado se oirá desde finales de septiembre. Será una amalgama de elementos caribeños llamada Chucusteady-dub, cuyo sonido podría catalogarse como un armónico encuentro entre Pastor López y Bob Marley.
Y es que los sonidos de las gaitas y los tambores del Atlántico, así como los de las marimbas y los guazaes del Pacífico, están atrapando la atención de artistas foráneos, rompiendo fronteras y mezclándose con instrumentos y géneros de diferentes partes del mundo.
Ejemplo de ello también fue la experiencia del 'rapero' francés Oxmo Puccino con el grupo chocoano Chocquibtown hace un par de años. Por invitación de la Alianza Francesa, durante varias semanas los artistas experimentaron con la fusión de sonidos: por una parte, con los electrónicos y 'raperos' del francés, y por otra, con el hip-hop mezclado con currulao de los chocoanos. El artista europeo expresó que se había sentido atraído por la originalidad de la propuesta musical de los colombianos, que no utilizaban el rap de forma agresiva sino que le impregnaban tranquilidad con sus instrumentos folclóricos. Gracias a esa sintonía surgió el disco París-Bogotá.
Otro caso reciente de fusión fue la que hizo el músico mexicano Alexander Cruz -dedicado a incorporar la marimba de su país al jazz- con los maestros del Pacífico colombiano José Antonio Torres 'Gualajo' y Hugo Candelario. Los músicos intercambiaron experiencias en torno a este instrumento vernáculo. Al tener tubos de metal como un xilófono, la marimba mexicana es más industrial y produce sonidos menos dulces que la chocoana, que es fabricada con madera artesanal; además es más grande y por tanto puede ser interpretada por varios músicos al mismo tiempo. Sin embargo, el resultado fue como un buen ejercicio de canto a dos voces.
Cruz, que a finales de julio presentó su experimento en el festival Colombia al Parque -en donde se le hizo un homenaje a la marimba-, concluyó que lo importante de estas fusiones es "el acercamiento a la tradición, que puede aportar mucha solidez a la superficialidad de la música producida en serie en la actualidad".
Vuelta al pasado
Experimentos de la misma especie ya se habían visto en el pasado, aunque no llegaron a marcar una tendencia tan fuerte como la presente. Han pasado 39 años desde que un músico francés llamado Paul Mauriat se interesó por una composición musical de Los Gaiteros de San Jacinto, agrupación colombiana que mantenía la tradición de un ritmo mestizo y original de la Costa Atlántica de Colombia: la cumbia. La canción se llamaba Manuelito Barrios, y gracias a su interpretación por una orquesta de cámara fue una de las primeras expresiones regionales del país conocidas en Europa.
Más adelante los ojos de Europa y Norteamérica se volcaron sobre los sonidos isleños y de ascendencia africana. Entonces aparecieron producciones enmarcadas en ritmos como el calipso, el reggae y el sukus -antecedente directo de la champeta-. Quizás uno de los más notorios de esta onda fue el músico estadounidense judío Paul Simon, autor del célebre tema I know what I know.
Mientras tanto, artistas como el colombiano Lisandro Meza llevaron la cumbia a varios países latinoamericanos. El resultado fue que algunos, como México y Perú, la adoptaron pero incorporándole elementos propios.
El alma de la música
Según Gloria 'Goyo' Martínez, de Chocquibtown, la actual tendencia podría ser consecuencia de la crisis de las disqueras. "La razón es la necesidad de ofrecer un producto que atraiga la audiencia local y extranjera con algo conocido pero con un sonido diferente, que encierre lo tradicional y lo novedoso en un solo espacio", dice la artista.
Pero no hay que olvidar que esa fusión de sonidos locales y vanguardistas es la forma natural como evoluciona la música. Según Mario Galeano, esto genera la necesidad de conocer la forma original de la música que se fusiona, estudiarla y saber todo lo que lleva internamente. De esta manera se logra una combinación que encierra algo novedoso sin violentar las raíces de los elementos mezclados.
La clave está en mantener el equilibrio entre las piezas que se fusionan: que los sonidos traídos por los extranjeros no terminen absorbiendo la tradición de las regiones hasta dejarla vacía, pero tampoco que el folclor se quede en el olvido por mantenerse intacto.