'Las luchas sociales no están perdidas', Pierre Carles

El documentalista francés asistirá al evento que termina el 7 de junio. Foto: Sergio González

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Carles, desconocido en Colombia, es considerado en Francia un "niño terrible" que con cada nuevo trabajo se encarga de "cantarle la tabla" a los medios y los distintos poderes que gobiernan la sociedad. Sinfronteras presenta durante esta semana tres de sus películas: '¡Atención Peligro Trabajo!', 'La sociología es un deporte de combate' (un retrato de Pierre Bourdieu) y 'Ni viejos ni traidores', documental sobre el grupo armado de izquierda Acción Directa, todas realizadas al margen de la institucionalidad audiovisual francesa, pero que sin embargo han logrado generar múltiples discusiones. En la siguiente entrevista habla sobre el sentido de su trabajo en esta época de crisis ideológicas y financieras.

CAMBIO: Sus documentales se alinean siempre a favor de unas luchas sociales que, siendo realistas, lucen cada vez más pérdidas. ¿Cómo se justifica a usted mismo el seguir haciendo documentales de combate? ¿Cómo se da ánimo?

PIERRE CARLES: No me parece que las luchas sociales luzcan cada vez más perdidas. Eso depende de los países, de las situaciones históricas, de las relaciones de fuerza entre pobres y ricos en un momento dado. Un ejemplo: en estos últimos meses en Francia, la mayoría de la población apoyó los secuestros de patrones por parte de obreros que fueron o iban a ser despedidos de su empresa. Aunque liberaron a los patrones, esta manear de actuar es ilegal y por tanto los obreros tendrían que tener problemas con la justicia. Pero muy poca gente se atrevió a juzgarlos. Con la crisis financiera, cada vez más gente se da cuenta de que el capitalismo es una inmensa estafa porque permite que los ricos roben a los pobres, lo contrario de lo que hacía Robin Hood. Claro, eso no es exactamente lo que cuentan los medios de comunicación. La mayor parte de ellos defienden sobre todo los intereses del poder económico o del poder político, que casi siempre van de la mano. Nuestro trabajo, como directores de películas o de documentales independientes, es permitir a los espectadores ver o entender otra cosa que la palabra oficial. Y eso da mucho ánimo.

CAMBIO: Pero esas luchas sociales, en un país como Colombia, frecuentemente son satanizadas y asociadas al terrorismo. Y aquí viene el espinoso asunto del uso de la violencia como instrumento político, como se ve en su documental 'Ni viejos ni traidores'. ¿Cómo ha vivido usted ese dilema? ¿Cómo no hacer apología del terrorismo pero tampoco ser idiotas útiles de la violencia institucionalizada del  poder?

PIERRE CARLES: Es muy difícil tratar el asunto de la violencia sin caer en estas dos trampas: hacer apología o, lo contario, esconder el problema diciendo que se trata de "terrorismo", que es una forma de cerrar la discusión. Por lo que sé eso es lo que está ocurriendo en Colombia. En 'Ni viejos ni traidores', con mi compadre Georges Minangoy, tratamos de debatir ese asunto con gente que no nos parecía ni loca ni tonta, aunque los medios la presentarán como "terrorista": miembros del grupo de lucha armada "Action directe", conocido sobre todo por haber asesinado al jefe de Renault en los años 80, cuando este despidió a más de 20 mil obreros para aumentar los beneficios de la empresa. Los miembros de AD decían que la violencia que ejercían ellos solo era una respuesta a la brutalidad del gobierno que incitó a la Renault -entonces  empresa estatal- a despedir a todo estos obreros con las consecuencias sociales que conocemos: aumento del alcoholismo, divorcios, suicidios, etc. En 'Ni viejos ni traidores' nuestro papel no consistió en condenar de entrada a "Action directe", como los medios se encargan de hacerlo desde hace más de veinte años, sino en cuestionarlos sobre si responder con violencia a la violencia del poder era acertado, si se justificaba la lucha armada en los años 80 en Francia, o si al contrario era contraproducente, si no ayudada a justificar la represión. También queríamos saber cómo explicaba AD el hecho de matar a alguien cuando el proyecto de sociedad que defendían no preveía la pena de muerte. Ellos, que se decían comunistas libertarios y también humanistas. Esos eran los debates que queríamos y no sé si logramos abrirlos. Son temas tabú, por lo menos en la televisión francesa donde predomina la versión policiaca de la historia.

CAMBIO: Está usted en Colombia en un festival que reflexiona sobre la  mentira: la mentira en los medios, en la política, en la vida social. Muchos de sus documentales bordean de una u otra manera este tema ('Pas vu, pas pris', sin ir muy lejos). ¿Puede el cine contrarrestar esas mentiras extendidas?

PIERRE CARLES: La mentira parece "atada" a los medios de comunicación, casi todos en manos de ricos o gente poderosa. Si dijeran la verdad, nos estarían contado que en nuestras sociedades los ricos ganan un montón de plata explotando a los pobres y destruyendo la naturaleza. Esa debería ser la información principal, y no los resultados del futbol, los crímenes pasionales, la vida de los  "peoples"... Voy a decir otra cosa que quizá va a chocar: tampoco se debería dar la palabra en los diarios al presidente de la República, a los miembros del gobierno, a la gente que ejerce el poder. No nos importa lo que dicen estos señores; solo nos importa lo que hacen concretamente, lo que ocurre con las medidas que toman. Pero eso supone que los periodistas puedan investigar, realizar reportajes con suficientemente tiempo y bastantes recursos, sin  presiones ni autocensura. Eso casi no existe en los periódicos. Así que el cine independiente, sobre todo el documental (se necesita mucha más plata para rodar una ficción), tiene un camino abierto para contar la verdad. Y para eso, más vale no pedirle plata a la televisión. Si esta financiara nuestras películas, no sería para que se vean. Aparte de sabotear los proyectos, no veo qué interés tendrían.

CAMBIO: Se le compara con frecuencia con Michael Moore, sobre todos en sus comienzos. ¿Le molesta esa comparación?

PIERRE CARLES: Cuando empecé a hacer documentales a comienzos de los años 90, me influenció mucho 'Roger and Me', la primera película de Michael Moore. Él mostró con este documental sobre los despedidos de General Motors, que se podía hablar de cosas graves, de tragedias sociales, con humor. Cada que hago una película, trato de recordarme esa lección: hay que reírse de los poderosos pero también de sí mismo. En sus últimas películas, como 'Fahrenheit 9/11', Moore se toma demasiado en serio. No me gusta tampoco su manera de editarlas, no deja mucha libertad al espectador, le dice a cada paso lo que tiene que pensar y eso a mí no me convence.  No es así como concibo al cine. Eso sería más bien lo propio de la televisión: favorecer una actitud pasiva del espectador.

CAMBIO: Háblenos un poco de su trabajo con Pierre Bourdieu. Su documental  lo muestra en acción, muestra su práctica de la sociología. ¿Es Bourdieu la última figura pública, el último intelectual "comprometido"? ¿Se cerró con él un capítulo o hay posibilidad de que surjan nuevos combatientes?

PIERRE CARLES: Con este documental quería dar a conocer a la obra de uno de los últimos intelectuales europeos "comprometidos", pero sin olvidar que Bourdieu era ante todo un sabio. Es su sabiduría, sus estudios sobre las relaciones de dominación (entre ricos y pobres, hombres y mujeres, gente del campo y gente de la ciudad, etc), lo que le daba una legitimidad para explicar hasta qué punto el capitalismo conduce el planeta a la catástrofe. Él solo hablaba de hechos que conocía por su trabajo, de cosas que había estudiado. No pertenecía a la categoría de los "fast thinkers" que aparecen en los medios para hablar de casi todo sabiendo casi nada. A la gente de la televisión no le gustó que yo hiciera esta relación en la película. Querían que Bourdieu apareciera como un intelectual "altermundialista", no como un sabio, para así poder neutralizar sus análisis, para presentarlo como un simple partidario. Hay en Francia alumnos o herederos de Bourdieu y también otros pensadores críticos, pero Bourdieu dejó una huella imborrable; los sociólogos del mundo entero discuten su trabajo. Él apareció poco en los medios y solo lo hacía bajo sus condiciones. Supongo que habrán otros Bourdieu o Noam Chomsky, pero para que sean reconocidos como sabios por las grandes universidades, más vale que escondan sus análisis políticos, en el caso de que critiquen el capitalismo. Si lo hacen no tendrán la oportunidad de llegar a ser profesores del "Collège de France", como lo fueron Bourdieu, Foucault o Levi-Strauss.

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