Dos proyectos musicales buscan familiarizar a los niños con el 'rock' y las reglas de la vida

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Son perfectamente reconocibles. Las melodías son la de Hotel California, la famosa canción de The Eagles, o la de Smell like teen spirit, de Nirvana, o Dust in the wind, de Kerry Livgren. Lo distinto es que no son las versiones originales. Son instrumentales y tienen una cadencia de arrullo roquero, lo que, en principio, sonaría contradictorio, pero no lo es. Porque es imposible no mover el pie a sus ritmos, recordar la letra y cantárselas a los niños. Y ese justamente es el propósito de Baby rock, un disco doble de Toy Cantando, una empresa con cinco años de existencia que busca especializarse en la edición de discos infantiles.

Mario Hernández, su director musical, ha podido verificar que sus interpretaciones gustan a los niños, pues en casa tiene una suerte de laboratorio: sus dos hijos mayores -de 27 y 22 años- son músicos, y sus dos hijos menores -de 7 años y 6 meses- son... pues nada menos que niños. Incluso, el proceso de Baby rock fue paralelo al embarazo de su actual esposa, por lo cual cada detalle está concebido para agradar a los párvulos. "Somos un equipo 'multigeneracional' y eso hace toda la diferencia", asegura.

Y gracias a que su esposa trabaja en un colegio, la muestra de críticos suele multiplicarse. "Un alumno me dijo que por qué no le poníamos batería a una canción -cuenta Hernández-. Él lo sabía porque su papá la ponía a todo volumen en su casa". Allí arrancó una gran discusión: si estaban haciendo un disco de rock, cómo no iban a involucrar batería, pero, por el otro lado, si era un trabajo para niños, este instrumento podía sonar muy fuerte.

Finalmente llegaron a la conclusión de que todo dependía de los decibeles, que nunca son excesivos. Aunque haya temas del tenor de Satisfaction, los músicos de Toy Cantando evitan que resulten violentos. Además, las versiones han sido recortadas para que el niño no se agote y, por el contrario, se divierta al lado de sus padres, "que de paso aprovechan para recordar buenos tiempos", según Hernández.

Este trabajo, junto con otros del mismo corte que se han hecho en los últimos años, derriba los mitos de que existen músicas que pueden ser perjudiciales para los niños, así como otras que supuestamente los convierten en genios. "Ya simplemente no es defendible satanizar el rock o decir que un niño se vuelve más inteligente al oír Mozart -dice el músico-. Lo que sucede es que son piezas tan ricas musicalmente que te enganchan".

Volver a la nuez

En la misma onda 'multigeneracional' trabaja María del Sol Peralta, creadora del sello Música y Libros para la Familia, de editorial Alfaguara. Pero a diferencia de Baby rock, que es puramente instrumental, este proyecto gira en torno de las palabras.

Por lo pronto, el sello ha sacado dos discos. El primero fue Sana que sana, dirigido a los más pequeños -aunque sin especificar el rango de edad, pues cada niño tiene un desarrollo distinto-, compuesto por rondas llenas de afecto para que los padres canten a sus hijos. Y el segundo, Con... ¡cierto animal!, en el que crea un paisaje bucólico donde María Pimienta es la protagonista. En tan solo seis meses, este último ha vendido 1.700 copias, algo inusitado en la industria editorial-musical infantil, cuyas ventas en promedio son de 1.500 al año.

Peralta dice que, literalmente, nació rodeada de música e historias: su abuela Silvia Moskovich hizo un programa de radio que rescataba las tradiciones orales nacionales, y su mamá, Irene Vasco, es una de las más importantes promotoras de la lectura de los niños del país. Luego vinieron otras influencias fundamentales, como la escritora de cuentos infantiles Yolanda Reyes, el ilustrador y autor de historias para niños Anthony Browne o los cuentos de los Hermanos Grimm.

"Todo lo que hago y he enseñado ha sido a través de canciones, desde gimnasia y motricidad hasta aritmética -relata la autora-. La palabra escrita y la hablada es la misma. Por eso la música es el puente perfecto para entrar a la literatura". El trabajo de María del Sol Peralta se fundamenta en que, hacia el cuarto mes después del parto, el oído es el primer sentido que el niño desarrolla. "Los arrullos se van grabando en la psiquis -argumenta la autora-. En el oído suceden las cosas más importantes, pues allí se generan las primeras conexiones neuronales y se da gran parte del desarrollo motor, afectivo y social".

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