A través de cinco historias hábilmente entrelazadas en un montaje alterno, Garrone ofrece elementos para entender cómo se comporta la nueva mafia italiana y qué pactos establece con el conjunto de la sociedad. Es una película analítica, fría y antisentimental, que va acumulando información a la manera de un gran reportaje. Su origen es el controvertido libro del periodista Roberto Saviano, que le mereció a su autor una sentencia de muerte.
Esta nueva mafia nada tiene que ver con el universo glamuroso de El padrino. La ambigua fascinación de la cultura italonorteamericana (Coppola, Scorsese, Ferrara, Talese) por las nociones de honor y tradición de las que pudo ser depositaria la camorra, son ahora un mito del pasado. Lo que hay, en cambio, es un complejo organigrama que la película revela de soslayo pero sin piedad, gracias a su registro casi documental. Arriba, el cinismo del aparato ideológico de Berlusconi con su racismo elemental y sus promesas de orden y seguridad, creando las condiciones para la hecatombe social. En el medio, un empresariado, legal o ilegal, que ejerce su rapiña. Y abajo, los jóvenes proletarios, obreros, inmigrantes, sometidos a los poderes de turno, la base delincuencial que sostiene un régimen inicuo.
Aunque algunos personajes tratan de rebelarse contra ese orden, muestra la solidez de sus estructuras. No es, pues, una película sobre la mafia como el fenómeno exótico de un país con vacíos en su desarrollo. Es la denuncia de una forma de gestión de la sociedad, por sus poderes económicos y políticos, donde cualquier forma de la dignidad humana ha sido desterrada.
Por Pedro Adrián Zuluaga
GOMORRA
Dir: Matteo Garrone.
Con: Salvatore Canatalupo, Gianfelice Imparato.
Italia, 2008, 137 min.