Bailarín japonés Ko Mirobushi habló con CAMBIO

En busca del alma perdida

Dos espectáculos de danza y teatro gestual en Bogotá, en donde el cuerpo es quien habla, expresan desazón y angustia.

Ko Mirobushi, el bailarín japonés que expone lo mejor del butoh ("danza de la oscuridad"), un género teatral nacido en 1950 como resultado de la posguerra, y por consiguiente está cargado de escepticismo y dolor. CAMBIO habló con él. 

Dice que bailar es una lucha y que no posible encontrar el balance. ¿La lucha de la que habla a través de la danza, permite encontrar el equilibrio?

La danza butoh no es para transmitir paz. Lo que resalta es el quebrantamiento del ser humano. Lo que quiero decir, es que cuando se presenta alguna situación, accidente o un evento fortuito, lo debemos tomar como algo que se rompe dentro de nosotros y que viene de pronto. El tomarlo como una ruptura y reaccionar frente a las situaciones, es lo que se puede definir como un evento butoh.

¿El butoh siempre se baila solo?

No

¿Tiene algún significado místico? ¿Es un requisito para poder practicar la danza ser monje?

El butoh no es algo que contenga ningún misterio. Mi experiencia como monje tampoco incluye nada misterioso. Lo que si es que mi cuerpo está expuesto al miedo y yo lo enfrento.

¿Cuál cree usted que sea la particularidad de esta danza para que haya conquistado a occidente?

Creo que es porque usamos movimientos fisicos que en el occidente no existen.

¿Podría decirse que tiene algo de ritual, como los bailes tradicionales de los países de América Latina o el África?

No lo tiene. Más bien está separado de los bailes normales y en grupo. Aunque si pensamos en estos trabajos grupales, preferimos apuntar hacia los movimientos de los rechazados y de los que no forman parte del grupo.

¿Cómo define el espectáculo que presentará en Colombia esta semana?

Como transformación.

Entre mortales

Dir: Juan Carlos Agudelo
Compañía: La Casa del Silencio
Teatro Libre, sede centro, jueves a sábado, 7:30 pm. Hasta el 4 de abril.

Un hombre, en medio de un escenario oscuro, intenta salir de un cocuyo de plástico. Se mueve con dificultad, lucha. La escena es emocionante. Finalmente logra romper su coraza y sale. Se encontrará pronto con otros más como él. Los cuatro irán descubriendo su paso por la tierra, en una seguidilla de escenas que van desde el aprender a caminar, pasando por la competencia por la comida, el coqueteo, el misticismo, la tentación sensual de la manzana y la maternidad, hasta la desaparición misma del mundo por la guerra. Los artificios técnicos con los que está rodeada la obra son virtuosos y el uso del video es adecuado. Pero la música electrónica por momentos es agobiante dándole un carácter circense al trabajo. Los bailes que hacen con plástico, en donde los juegos de luces son fundamentales, son interesantes. No son nuevos por supuesto, son movimientos de danza que han sido presentados mil veces, pero están bien ejecutados y le proveen acción a las escenas. Aunque un poco larga, la obra bien vale la pena de verse. 

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