Con seis nominaciones en los Independent Spirit Awards (los Oscars del cine independiente norteamericano), El casamiento de Raquel se consolidó como la película consentida entre las "raritas" de la última temporada, y su eco llegó hasta los Oscar con la nominación de Anne Hathaway como mejor actriz. No es un gran logro, si se considera la buena suerte de las "raritas" de otros años (recuérdese Little Miss Sunshine en 2007), pero es que en 2009 la academia decidió premiar otro tipo de exotismos.
El filme dirigido por Jonathan Demme (El silencio de los inocentes, Filadelfia) es un calculado drama psicológico que echa mano de varios tópicos del cine independiente norteamericano: familias disfuncionales, una cámara inquieta e impactantes revelaciones, para dar cuenta del entorno de un personaje inestable, siempre a punto de quebrarse emocionalmente. La bellísima Hathaway interpreta a una drogadicta, en proceso de recuperación, que se reencuentra con su familia en ocasión del matrimonio de la hermana. La película mantiene todo el tiempo al espectador con los nervios en punta, pues los personajes actúan siempre como sabemos que no deben hacerlo: la emoción predomina sobre la razón. La cámara sigue a Hathaway, embelesada y con deseos de pescarla in fraganti, y en eso imita a la familia protagonista, que vuelca su atención en el comportamiento de su miembro más vulnerable.
La película es, por momentos, heredera de genuino cine independiente de John Cassavetes. Como en las películas de este gran actor y director, aquí no hay una línea narrativa definida y el climax se da cada que alguno de los personajes decide hacer su propio streap tease emocional: su declaración. Porque El casamiento de Raquel es como un filme policíaco donde se busca al verdadero culpable, y es el espectador quien finalmente debe dar el veredicto.
Por Pedro Adrián Zuluaga
EL CASAMIENTO DE RAQUEL (Rachel Getting Married).
Dir: Jonathan Demme.
Con: Anne Hathaway, Debra Winger, Rosemarie DeWitt. Estados Unidos, 2008, 114 min.