El 2 de marzo fue presentado en Estados Unidos y Suramérica No line on the horizon, el tan esperado nuevo disco de U2 tras cinco años de silencio. Todo un suceso mediático gracias al protagonismo que ha adquirido Bono con su activismo político. La expectativa generada por este álbum no tiene antecedente alguno en la carrera del grupo, tal vez por la presión de mostrar un mejor producto que los anteriores.
Desde la semana antepasada la prensa del Reino Unido venía haciendo seguimiento al impacto de este álbum en Inglaterra, Japón y Australia, países que se adelantaron en su estreno. En medio de la tormenta de críticas y comentarios poco alentadores para el trabajo, Bono declaró al periódico The Times que si este no era su mejor disco, "entonces U2 es un grupo insignificante". Prepotente afirmación de un hombre que lo hace mejor, últimamente, como político que como músico.
Respecto al nuevo álbum cabe preguntarse: ¿se justifican cinco años en un estudio de grabación, cambiar la fecha de lanzamiento en varias oportunidades y echar mano de la genialidad de Brian Eno y Daniel Lanois para un resultado menor al esperado por la banda? Tras escuchar una y otra vez el disco hay que decir claramente que no es el mejor álbum de U2 y está lejos de serlo cuando el referente de comparación es The Joshua tree. Entonces, si respetamos la lógica transmitida por Bono y siguiendo la definición de la banda, habría que decir que son 'insignificantes'.
El disco tiene aportes interesantes en cuanto a arreglos y producción y suena mejor que How to dismantle an atomic bomb (2004) o All that you can't leave behind (2000), sus últimos discos en estudio. En las dos primeras canciones nos alcanzamos a emocionar y a pensar en que este será un gran disco. No line on the horizon y Magnificent tienen referentes de Achtung baby, sobre todo en las guitarras, atmósferas y voces. Pero en la medida en que pasan las canciones, nuevamente caen en clichés melódicos que solo buscan pegar 'himnos' en la radio, cargados de mensajes políticos en contra de la guerra, el hambre, la pobreza. En síntesis, en 11 canciones no encontramos esa que nos emocione, que nos haga subir el volumen del equipo de sonido como en su momento lo hizo Mysterious ways o Where the streets have no name.
A U2 le está pesando el activismo político de Bono y eso se percibe en las relaciones internas con sus compañeros, quienes declararon para la prensa inglesa, tal vez a manera de ultimátum, que el cantante o se dedica a lo uno o a lo otro, pero ambas tareas no pueden ir de tiempo completo. No line on the horizon es un disco que defraudará a una generación privilegiada que apreció a la banda cuando la sencillez y energía de la buena música contagiaban a todo el planeta. Hoy, los afanes políticos y la búsqueda incesante de un Nobel de Paz ganaron la batalla y la música se volvió insignificante.
Jacobo Celnik
U2
No line on the horizon
Universal / 2009