Los 50 años de Barbie renuevan la polémica sobre su influencia en los comportamientos de las niñas

El complejo de Barbie es un conjunto de trastornos que desarrollan algunas coleccionistas de la muñeca. Se caracteriza porque de mayores quieren ser como ella: altas y rubias. Foto: AFP

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Si a alguien le caería como anillo al dedo las primeras estrofas de la canción Chica plástica de Rubén Blades es a Bárbara Millicent Roberts, mejor conocida como Barbie, la muñeca más vendida del mundo, que el 9 de marzo celebrará sus primeros 50 años. Medio siglo que para el cuerpo de cualquier mortal implicaría flacidez, colesterol alto o, al menos, un par de arrugas, pero que para esta beldad de 29 centímetros de altura ha pasado como un soplo inofensivo.

Desde su aparición en 1959 en la Feria del Juguete de Nueva York, Barbie ha sembrado éxitos dondequiera que va. En aquella ocasión, la Ponytail 850 -como fue nombrada- lució un vestido de baño de franjas blancas y negras, gafas de sol y labios de rojo intenso. Ante la mirada atónita del público masculino que descubrió bajo el bañador un pecho prominente y una cintura inimaginable, la muñeca fue presentada como una modelo adolescente al alcance de todas las niñas.

Años atrás, en 1945, los esposos Elliot y Ruth Handler habían fundado la compañía de juguetes Mattel. Hacia 1956 Ruth se percató de que su hija Bárbara creaba vestidos para sus muñecas de papel. Por esa misma época conoció a Bild Lilli, una muñeca alemana, más bien pornográfica, que se había vuelto muy popular entre las niñas sajonas. Handler compró los derechos de Lilli y con la ayuda del diseñador Jack Ryan inventó a Barbie.

No se le pudo ocurrir una idea mejor: apenas un año después de su presentación ante la sociedad neoyorquina, Mattel había vendido alrededor de 350.000 muñecas.

Tras cinco décadas, Barbie tiene mucho para contar. Con representación en 150 países, esta joven -que permanece en una edad eterna de 16 a 25 años- ha sido vestida por cerca de un centenar de diseñadores. De hecho, en su última aparición, el pasado 14 de febrero en la semana de la moda de Nueva York, 50 modistos le rindieron tributo en un desfile que tuvo como lema: "El plástico es fantástico".

Pero no todo ha sido moda y pasarelas. En 1997 Barbie fue nombrada embajadora de Unicef y, desde entonces, colabora en campañas de prevención del cáncer y la hepatitis B. Además, ha ejercido múltiples profesiones y se ha dado el lujo de comprar sin descanso artículos para su casa, zapatos, mascotas, carros y, sobre todo, ropa que cubra sus imperturbables 95-45-82 centímetros. Una vida de ensueño que, irónicamente, ha sido el punto de partida para muchos de sus detractores, que cuestionan una existencia tan perfecta y culpan a Barbie de crear falsas ilusiones entre sus admiradoras. 

La vida en rosa

En cierta ocasión, Ruth Handler aseguró que Barbie les enseñaba a las niñas las infinitas posibilidades de un ancho mundo en el que podían ser lo que quisieran: profesionales, buenas amigas, altruistas y portadoras de una elegancia envidiable. Una tarea nada fácil si se tiene en cuenta lo dicho por el escritor francés Frédéric Beigbeder: "La gran fuerza de Barbie es, precisamente, no ser posible en la vida real".

Esa imposibilidad desembocó en lo que psicólogos y psiquiatras llamaron 'complejo de Barbie', un conjunto de trastornos que desarrollan algunas menores coleccionistas de la muñeca. Se caracteriza porque de mayores quieren ser como ella: altas, delgadas y rubias. Pero como esto es biológicamente imposible, las niñas se frustran y pueden desarrollar desórdenes de la alimentación. Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Flinders, en Australia, el deseo de las niñas por tener una figura delgada se produce durante los primeros cursos escolares, es decir, de los seis a siete años. Los resultados muestran que a esa edad las menores ya conocen lo que significa una dieta y están dispuestas a seguirla para no engordar. Tras una encuesta entre la población infantil, un 71,5 por ciento aseguró que quisiera ser más delgada y un 45,7 por ciento que, de ser necesario, se pondría a dieta.

Una de las posibles causas para este comportamiento -que en el futuro conduce a desórdenes como la anorexia, bulimia o permarexia- es la presión que ejercen las muñecas Barbie sobre las niñas. Aun así, es importante anotar que no es la única, pues el estudio menciona otras como las críticas sociales y escolares, la influencia de los medios de comunicación y la baja autoestima.

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