En un gesto que los enaltece, los distribuidores colombianos decidieron estrenar La duda con una traducción literal de su nombre original y no con alguna invención, un título explícito que no solo podría ofender la falsa conciencia de los colombianos sino que traicionaría la naturaleza ambigua del filme dirigido por John Patrick Shanley, según su propia pieza teatral.
Porque La duda llega al país precedida por el rumor de ser la película del cura pederasta, pero quien vaya a verla movido por el morbo y esperando encontrarse con un mundo de buenos y malos, será radicalmente defraudado. Las dudas atraviesan el tema, el argumento y la narración del filme, y son reforzadas por la interpretación del grupo de actores, en cabeza de Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman. Esta pareja de inmensos artistas da vida a dos personajes con visiones del mundo irreconciliables: la tradición y los nuevos valores, si lo queremos poner en blanco y negro, y el espectador todo el tiempo debe decidir por quién tomar partido.
Al contrario de lo que ocurre en el cine bienpensante, aquí no resultan cómodos ni el desprecio ni la solidaridad. El cura, supuestamente responsable de conductas impropias con los niños es al mismo tiempo un alma torturada que nos permite mirar en su abismo, y la hermana que lo enfrenta en busca de la verdad sobre su condición, no es solo una religiosa despreciable sino una profunda conocedora de los resortes que mueven al ser humano. No es fácil pues cantar victoria en nombre de la virtud, y eso es algo que cierta concejal y alguna ex senadora difícilmente entenderían. Por fortuna el cine no es la política.
Por Pedro Adrián Zuluaga
LA DUDA (DOUBT).
Director: John Patrick Shanley.
Reparto: Philip Seymour Hoffman, Meryl Streep, Amy Adams, Viola Davis.
Estados Unidos, 2008, 104 min.