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Si Dios creó al hombre a imagen y semejanza de él, Eric Clapton, durante un largo tiempo, no fue su mejor representante en la Tierra. Sin embargo, supo entender a tiempo algunos valores capitales para revertir la historia.
El guitarrista inglés, que cumplirá 64 años en marzo, es un sobreviviente de un mundo de excesos, temores, envidias, traiciones y sueños. Un sobreviviente que puede usar el cliché de haber "vivido para contarla". Su autobiografía, que acaba de ser lanzada en español para el mercado de América Latina y España, es un fiel testimonio de cómo el dolor puede ser superado con las ganas de vivir.
De ella no hay que esperar solo sexo, drogas y rock and roll. No es una típica biografía de una estrella del rock; es la mirada sincera de un hombre que sanó sus cicatrices gracias al buen crédito que tiene en el cielo.
Las primeras páginas del libro son desgarradoras e introspectivas. En una ágil narración, Clapton hace un viaje desde que era un niño carente de orientación, afecto y seguridad, hasta el súbito momento en que ya es 'El dios de la guitarra', como lo describió un famoso grafiti en las calles de Londres.
Clapton relata que un día de su infancia descubrió que sus padres eran sus abuelos y que su mamá -una inocente niña que se dejó seducir por un soldado canadiense- había tenido que dejar la tierra de Churchill porque la conservadora sociedad de su tiempo no entendía el embarazo de una adolescente. Luchar por sus sueños implicaba abandonar a su pequeño hijo de dos años.
La tranquila localidad de Ripley, al norte de Londres y cercana de Nottingham, es el escenario donde transcurren los hechos. La Segunda Guerra Mundial había llegado a su fin y el país empezaba un arduo proceso de reconstrucción física, moral y social. Las opciones de esparcimiento para los niños eran limitadas y el pequeño Eric pasaba sus ratos en medio de juguetes hechos por su "padre", un experto en yeso y ladrillos que sacó provecho del niño como albañil. "Era una niñez muy aburrida, pero agradecida por el infinito amor de mis padres", reflexiona el autor.
Por fortuna, para el pequeño Eric Clapton la música siempre fue un elemento sanador. "Podía expresar todo el dolor frente a la realidad de mi familia y la relación confusa con ellos", escribe el guitarrista.
La radio sería su compañera constante hasta que en la secundaria descubriría el encanto de Elvis Presley, Jerry Lee Lewis y Buddy Holly. Eran los años de tener que usar televisor prestado para disfrutar del Sunday Night At The London Palladium, el programa local que mostraba las novedades musicales del país y el primero en presentar artistas norteamericanos. La caja mágica lo emocionaba como a ningún otro chico y sabía que ese era el futuro. "Sentía que algún día iba a hacer parte de ese mundo, a pesar de que muy pocos creían en mi talento".
Para un niño con tantos problemas afectivos en su entorno familiar, ir al colegio se convertiría en la segunda opción de salvación emocional. Conocer y tratar con gente nueva le permitió desarrollar habilidades que desconocía, incluso precoces, tema que con el paso de los años se haría manifiesto en su incapacidad de mantenerse fiel a una mujer. Es el momento en que el autor confiesa que hubo un punto de quiebre y su mundo cambiaría para convertirse en una montaña rusa de la que estuvo a punto de descarrilarse en varias ocasiones.
Clapton es Dios
Eric Clapton es un icono del rock, uno de los cinco mejores guitarristas de toda la Historia, y su carrera, llena de altibajos, es referente de todas las generaciones que le sucedieron. Gracias a la música no solo tuvo un polo a tierra, sino un motor para vivir.
El libro por momentos está lleno de interesantes anécdotas y vivencias, en algunos casos excesivas y egocéntricas, como su desprecio y temor por Ginger Baker, baterista de Cream. Eran los años de gloria en el trío más grande del rock inglés, llenos de abusos en materia de drogas, alcohol, rehabilitación y faltas al Sexto Mandamiento. Conmueve cómo sobrepasa los límites de la amistad con George Harrison para terminar conquistando a Pattie Boyd, primera esposa del ex beatle y quien además protagonizaría varias canciones como Layla y Wonderful Tonight. El tiempo supo sanar las heridas y la vida se encargó de enseñarle a Clapton cómo curarlas.
La muerte le dio las lecciones necesarias para enderezar el camino. Primero fue la de su hijo Conor, en 1991, uno de los hechos más dolorosos que se relatan en el libro. La canción Tears in Heaven es el vivo reflejo del amor de un padre que quedó en deuda. Irónicamente este tema, incluido en el disco Unplugged, es el éxito más importante en la carrera del guitarrista. Luego mueren su abuela Rose y su madre, Pat. La música de mediados de los noventa refleja su necesidad de exorcizar y sanar heridas. En discos como Pilgrim, Reptile y From the Cradle se percibe claramente.