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El 30 de junio de 1997 el rumbo de la literatura fantástica para jóvenes cambió para siempre. Desde ese día, en que salió a la venta Harry Potter y la piedra filosofal, de la escritora inglesa J. K. Rowling, millones de adolescentes del mundo leyeron con avidez las cerca de 300 páginas y se aficionaron a la historia de un mago de 11 años, huérfano y dueño de un poder secreto de hechicería que, hasta entonces, no sabía que tenía. El final del libro cuenta cómo Potter, con la ayuda de sus amigos magos Ron y Hermione, logra vencer al enigmático Quirrell, vasallo del tenebroso brujo Lord Voldemort, quien en su historial de maldades tenía el asesinato de los padres de Harry y el deseo de ser amo y señor del universo de los magos.
Al término de Harry Potter y la piedra filosofal, los jóvenes lectores quedaron esperando con ansias la segunda parte de la saga, que finalmente vio la luz en julio de 1998 bajo el título Harry Potter y la cámara secreta. A ella le siguieron otros cinco volúmenes que concluyeron la heptalogía con Harry Potter y las reliquias de la muerte, libro que en Inglaterra y Estados Unidos vendió 11 millones de ejemplares en sus primeras 48 horas. Hoy, el mago Harry Potter, casado y con tres hijos, puede considerarse un clásico de la literatura juvenil y ostenta títulos como ser uno de los libros más traducido después de la Biblia -65 idiomas, incluido el griego antiguo-, haber vendido más de 400 millones de copias y hacer de Rowling la primera escritora en alcanzar los 1.000 millones de dólares por su trabajo.
Harry Potter logró, además, que jóvenes poco interesados en el mundo de las palabras leyeran un promedio de 500 páginas mensuales con una emoción similar a la producida en un juego de escondidas o en una tarde de Nintendo Wii. Tanto así que la bogotana Johanna Pinzón, de 15 años, asegura que, en los tiempos de los primeros cinco libros, podía pasar un día entero sin hacer otra cosa que leer.
A la par que esto sucedía, las editoriales y el ámbito publicitario se dieron a la tarea de construir todo un emporio que, bajo el nombre de 'Harrymanía', extendió las ventas a películas, dulces, muñecos y un sinnúmero de productos del hechicero. Para 2008, con la saga completa, los fanáticos de las aventuras de fantasía y magia no tienen por qué preocuparse, pues en su reinado Potter se aseguró de dejar una nutrida selección de sucesores. Si bien las andanzas del mago y sus amigos concluyeron, durante estos años un amplio grupo de escritores ha venido lanzando libros de literatura fantástica que, con temas y formas variadas, hicieron que este género se convirtiera en el preferido de los adolescentes.
De hadas, dragones y vampiros
La escritora alemana Cornelia Funke recuerda que cuando en 1997 publicó su libro El jinete del dragón, muchos la criticaron pues creían que las novelas de 500 páginas no estaban hechas para el público infantil y juvenil. Ese mismo año, la llegada de Harry Potter demostró que los jóvenes podían leer no uno sino varios libros gordos y aún pedir más. "Aquello fue la explosión. Ya nadie puso pegas al número de páginas ni se atrevieron a decir que los niños no leen nombres complicados o temas escabrosos", asegura Funke, quien ha escrito e ilustrado más de 40 libros, traducidos a 30 idiomas, entre los que se encuentra la trilogía de Corazón de Tinta (2004), Sangre de Tinta (2005) y Muerte de Tinta (2008), cada uno con un estimado de 250.000 ejemplares vendidos en Europa.
Funke, conocida como la Rowling alemana, cuenta en El jinete del dragón la historia de Ben, un niño huérfano y solitario que vive en las calles de Londres y un día encuentra a Lung, un joven dragón que busca la Orilla del Cielo, el único lugar en el mundo en el que su especie estará a salvo de los humanos. Acompañado de la duende Piel de Azufre y del homúnculo Pata de Mosca, Ben sortea obstáculos para encontrar la anhelada cumbre y salvar a su nuevo amigo de los peligros del malvado dragón dorado Ortiga Abrasadora.
La lista de autores de literatura fantástica para jóvenes hoy parece tan numerosa como el número de páginas que escriben. Algunos ejemplos: Philip Pullman y la trilogía La materia oscura -cuyo primer libro, Luces del Norte (1995), sobre una huérfana de 11 años que puede transformarse en cualquier animal, fue llevado al cine el año pasado en la película La brújula dorada-; el irlandés Eoin Colfer y la saga de Artemis Fowl, que comenzó en 2000; y la italiana Licia Troisi y Crónicas del mundo emergido, publicado en 2004.
Pero tal vez la sucesora de Potter más recordada por los jóvenes colombianos es Stephanie Meyer, autora norteamericana del libro Crepúsculo (2005) -puesto cinco en la lista de mejores vendidos de The New York Times-, al que siguieron Luna nueva, Eclipse y Amanecer, que cuentan una historia de amor entre una joven solitaria y un romántico vampiro.