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El lunes pasado se apagaron las luces en el auditorio Teresa Cuervo Borda del Museo Nacional. La película que convocaba a la apertura de la Semana del Cine Colombiano era La gran obsesión, del director Guillermo Ribón Alba, estrenada en Cali el 5 de septiembre de 1955, aunque restaurada para ser presentada en el evento.
Aquel melodrama de una jovencita campesina que llega atraída a la ciudad y encuentra una sociedad hostil, fue el primer filme realizado en color en Colombia. De allí que no solo tenga valor como hito en la historia del cine nacional, sino también como testimonio de los acontecimientos históricos que estaba viviendo el país: la dictadura de Rojas Pinilla, las reyertas bipartidistas, el creciente éxodo del campo a las ciudades y las transformaciones sociales y de infraestructura. Razones de peso para intentar conservarlo con todas las de la ley.
Ese es, finalmente, el objetivo que se ha planteado la política de preservación de archivos fílmicos y televisivos de Colombia: guardar su memoria audiovisual. Por eso, sumándose al planteamiento de la Unesco de elevar a la categoría de patrimonio intangible todos aquellos materiales audiovisuales que representaron una época y un lugar determinados, en 1986 Colombia se acogió a esta idea y creó la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, una organización que ha hecho una tarea juiciosa de conservación y divulgación del cine nacional. Otras instituciones detrás de esta labor han sido la Cinemateca Distrital de Bogotá, nacida en 1971, y la Cinemateca del Caribe, en 1986.
En Colombia existen muchos archivos audiovisuales que tienen algún tipo de relevancia histórica. Es el caso de Los archivos Mayo, del antioqueño Mario Posada, que entre 1945 y 1968 dejó consignada en cine la cotidianidad de su familia. El material se ha convertido en obsesión para videoartistas y realizadores, a tal punto que Camilo Botero hizo la película 16 memorias sobre este archivo.
Algunos hablan de la existencia en Colombia de unos 500 archivos entre institucionales y particulares, pero la cifra se reduce si siguen al dedillo las condiciones que deben tener para ser considerados como tales: adecuadas condiciones de conservación en el almacenamiento, catalogación, perdurabilidad, reproductibilidad y acceso al público.
Soporte y supervivencia
Pero la idea del coleccionismo y conservación de los archivos fílmicos venía de mucho antes de las declaraciones de la Unesco: nació del cineclubismo en Europa en los años veinte y de la amenaza que para las cintas de cine mudo significaba el advenimiento del cine sonoro. Rito Alberto Torres, subdirector técnico de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, relata: "En ese período hubo una crisis en la industria y existió el temor de que se quedaran en stock las películas de los grandes directores de comienzos de siglo XX, como Griffith o Eisenstein. Por eso quienes mostraron interés en conservarlos fueron los museos y las bibliotecas".
Hoy la amenaza no tiene que ver con que unas cintas hablen y otras no, o que unas sean en blanco y negro y otras en color, pues al fin y al cabo los cineastas no hacen otra cosa que experimentar. El problema hoy tiene que ver con la durabilidad de la tecnología que soporta esa película, ese documental o ese seriado de televisión que quiere ser recordado.
El riesgo aumentó especialmente con la aparición del videotape hacia el final de los setenta. Si bien esta tecnología democratizó el acceso al audiovisual y facilitó el registro de los acontecimientos, causó tanta revolución en la industria que rápidamente un formato sería suplantado por otro: de la cinta de una pulgada pasó al ¿, al betacam, al súper 8... Como observa Torres con preocupación, la obsolescencia es un problema real en los formatos de video -existen unos 30-. En esas condiciones, la conservación depende del mercado y la tecnología.
Para empeorar las cosas hoy en día se habla del 'ochentero' Betamax como un 'antique' y, por el auge del DVD, ya se mira con extrañeza el VHS. Obviamente las reproductoras de ¿ son toda una rareza y los discos de láser fueron flor de un día. "El soporte más fiable sigue siendo el cine", asegura Torres. Y por eso, series de televisión como Prison Break están siendo transferidos a cine para que se conserven en negativos y puedan así sobrevivir a los años.