El que tenga ojos para ver...

Tras el clamoroso éxito internacional de Ciudad de Dios, el investigador Randall Johnson puso en circulación la "cosmética de la violencia", una idea en directa relación con el concepto de estética de la violencia que el brasileño Glauber Rocha hizo célebre desde los años sesenta, como marca distintiva del cine latinoamericano. Con ese juego de palabras, Johnson tomaba distancia del entusiasmo provocado por la ópera prima del también brasileño Fernando Meirelles y llamaba la atención sobre el frío esteticismo del director y su deuda con las imágenes publicitarias y de rápida digestión.

Con Ceguera, Meirelles continúa a sus anchas en la arena de la gran producción fílmica mundial, a la que había saltado con El jardinero fiel, y persevera en sus marcas y su estilo: temas solemnes y políticamente correctos, virtuosismo formal e ideas elementales. Su adaptación de Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, cede a la tentación de ser una alegoría explícita sobre una humanidad sin horizonte espiritual y cuya crisis se manifiesta en una epidemia generalizada de pérdida de la visión. Como Los niños del hombre, de Cuarón, Ceguera construye escenarios y atmósferas apocalípticas e inquietantes que, junto a actuaciones como la de Julianne Moore, son lo mejor de la película.

Pero es un logro mínimo para una producción de estas dimensiones, con un reparto internacional que incluye figuras como Mark Ruffalo y Gael García Bernal. El estreno de la película coincide con la crisis financiera internacional y con múltiples voces que claman para que se abran los ojos y la vida humana deje de gestionarse como una empresa. En un contexto tan exaltado, es probable que una película mediocre como esta sea tenida como una advertencia o una premonición.

Por Pedro Adrián Zuluaga

CEGUERA (BLINDNESS)
Dir: Fernando Meirelles.
Con: Julianne Moore, Mark Ruffalo, Gael García Bernal, Danny Glover.
Canadá / Brasil /Japón. 2008.  120 min.

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