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En ese ambiente de irritación y creatividad, Fritz Lang dirigió Metrópolis en 1926. Fue una superproducción de seis millones de marcos, esquemática y maniquea en su contenido, pero impresionante en la elaboración arquitectónica y visual.
En la película, una raza de amos goza de los privilegios de la vida en la superficie, mientras una cohorte de esclavos padece en un inframundo de pesadilla. Metrópolis no ha dejado de verse una y otra vez y cada época tiene una interpretación particular de sus significados y prefiguraciones. Por eso, resultó una decisión muy acertada que el Festival de Cine de Bogotá abriera precisamente con la obra de Lang, acompañada por la música en vivo de la Orquesta Filarmónica.
Se hablará mucho alemán por estos días en las salas de cine de Bogotá. La muestra de ese país incluye largometrajes recientes como Absurdistán, de Veit Helmer ¿el mismo director de Tuvalú¿, clásicos de Murnau o Herzog, hasta cortometrajes, animaciones, documentales y películas para niños. Un suculento menú para saborear.
Por Pedro Adrián Zuluaga, comentarista de cine y editor de la publicación on line Extrabismos.