Ópera de Colombia celebra los 150 años del nacimiento de Giacomo Puccini

Giacomo Puccini, el hombre que le dio el último gran aire a la ópera, será homenajeado en Bogotá.

Como anticipo de esa lánguida tragedia que fueron sus óperas, al pobre muchachito lo bautizaron así: Giacomo Antonio Domenico Michele Secondo Maria Puccini. Producto de una familia de músicos, Giacomo Puccini nació el 22 de diciembre de 1858, en Lucca, una localidad toscana de la vieja Italia rural del siglo XIX, a donde, según la leyenda, un buen día llegó a lomo de mula la ópera de Giuseppe Verdi, Aida. Dice el mito que allí fue cuando el joven supo que lo suyo era la lírica.

Después de estudiar música en el Conservatorio de Milán, Puccini escribió su primera ópera Le Villi (1884) que, aun cuando no tuvo éxito, sí le valió el encargo de una segunda ópera, Edgar (1889), más la amistad de Ricordi, un editor musical de la época.

Fue su tercera ópera, Manon Lescaut (1893), la que lo hizo famoso y con la que empezaron a llamarlo genio. Pero la música es caprichosa y sube y baja como la espuma, tal cual como sucedió con La Bohème (1896) -dirigida por Arturo Toscanini en su estreno en Turín-, que fue injustamente criticada por los especialistas.

Sin embargo, años después -tal cual como el vino toscano-, esta maravillosa ópera que abre la temporada 2008 en Bogotá empezó a tomar cuerpo y matices encantadores, al punto que a la llegada del siglo XX se convirtió en una de las favoritas del público, que se identificó profundamente con el poder ensoñador de sus arias (Che gelida manina, Si, mi chiamano Mimi, O soave fanciulla), hoy entre las más populares del repertorio mundial.

La Bohème, romántica y lírica, fue la primera de una terna fundamental para la historia de la ópera gracias a los libretos de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. Luego vino Tosca (1900) y más adelante Madame Butterfly (1904), que, por cuenta de una serie de críticos envidiosos que decidieron sabotear el estreno, no caló en su debut en La Scala de Milán, aunque más tarde fue un éxito definitivo cuando Puccini la revisó, le agregó y le quitó algunas notas.

Butterfly, tal vez una de las más exóticas obras de la lírica mundial (que es la mirada de un italiano a la cultura japonesa), y que por su suntuosa orquestación y melodías vocales sostenidas se convirtió en símbolo de la melancolía de principios del siglo XX, será el segundo título de la temporada en la capital de Colombia.

Luego, cuando ya había unanimidad frente al genio que revolucionó el género -para muchos quien le puso punto final- vinieron La fanciulla del West (1910), La rondine (1917) y El Trittico, trilogía que comprende Il Tabarro, Suor Angelica y Gianni Schicchi (1918).

Cuando Puccini falleció el 29 de noviembre de 1924 en Bruselas -a punto de terminar Turandot, otra excentricidad con tema chino que completó Franco Alfano-, el mundo se dio cuenta de lo que por aquí había pasado: un gran amigo de los agobiados. Gracias a la grandiosidad con la que denunció en su obra las penas de quienes sufrían los rígidos esquemas sociales de aquellos tiempos, el dolor de sus protagonistas tomó un matiz más lírico, más tierno, más elegante. Fue entonces como el gran Giacomo se convirtió en la alegría de los tristes.

Por  Mauricio Silva Guzmán.

Si quiere asistir a 'La Boheme' en el Teatro de Bellas Artes de Bogotá, escriba un email multimedia@cambio.com.co con sus datos personales y se regalarán pases a los primeros correos.

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