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Kalinka y Olga, dos jóvenes rusas que soñaban con pertenecer a una compañía de danza, pasan sus noches bailando, no en grandes teatros, sino frente a un tubo de strip-tease en un club nocturno francés al que los hombres acuden para tener sexo con las mundialmente famosas 'muñecas' del este. Sus historias y las de otras mujeres con similar suerte son contadas en la serie belga Matrioshki (2005) que, luego de 10 capítulos que pusieron en vilo a las audiencias de América y Europa, regresa en una segunda temporada que se estrenará en Colombia el 29 de agosto por el canal de cable CityVibe.
Matrioshki, palabra rusa que significa 'muñeca', cuenta la vida de jóvenes rusas y lituanas, que tras falsas promesas caen al abismo de la prostitución y el tráfico humano. Con crudeza y realismo, los productores de la serie, filmada en Tailandia, Ucrania, Bulgaria y Bélgica, muestran un infierno que, según datos de la Organización Internacional del Trabajo, padecen cerca de dos millones y medio de personas en el mundo.
Lo novedoso de la serie no es solo su argumento. También el hecho de que ha puesto el tema de los derechos humanos en la agenda de los medios y que ha servido a la ONG Amnistía Internacional para promoverlos. Conscientes de las dimensiones e interés que despiertan estas historias y de la capacidad de penetración de la televisión, organizaciones del mismo corte no han dudado en buscar salidas al problema de la mano de los productores de la pantalla chica.
Como la 'esclavitud del siglo XXI' se ha definido al tráfico humano. Según Amnistía Internacional, la trata de personas, las violaciones, la esclavitud sexual y los matrimonios y embarazos forzados son faltas a la Declaración de Derechos Humanos y al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, pues se consideran torturas. En campañas de prevención en países del este de Europa, Amnistía ha mostrado imágenes de Matrioshki para alertar sobre las redes de prostitución.
En palabras de María Teresa Herrán, decana de la Universidad Central y experta en televisión, hoy en día los temas relacionados con derechos no pueden ser discursivos. "La televisión tiene influencia en los imaginarios y en el reforzamiento de valores de la gente -dice Herrán-. Series y telenovelas, con la ayuda de entidades promotoras de derechos, pueden lograr un papel más positivo que las campañas o la propaganda institucional".
Más que la denuncia
Tráfico humano es otra miniserie que se ha comprometido con la causa. Protagonizada por Mira Sorvino, la ganadora del Oscar, y el reconocido actor Donald Sutherland, cuenta las historias de tres mujeres cuyo único rasgo en común es padecer el comercio sexual: una madre soltera se enamora en Praga de un hombre que la involucra en prostitución; una joven ucraniana acude a una selección de modelos que es, en realidad, una red de trata de personas; y durante sus vacaciones en Filipinas, una niña norteamericana de 12 años es secuestrada por un grupo que negocia con pornografía infantil. La agente Morozov -interpretada por Sorvino- se encarga de rescatar a estas mujeres y destapar las redes de las que han sido víctimas.
Producida por Christian Duguay y rodada en Canadá, Tráfico humano se presentó en Viena ante la Comisión de Prevención del Delito y Justicia Penal de las Naciones Unidas. La serie no solo impactó a los miembros de la comisión, sino a la audiencia de Estados Unidos. Prueba de ello es que el DVD con los nueve capítulos está en el mercado y ya fue estrenada este mes en Latinoamérica, en el canal Hallmark.
Hacer hablar
Aunque es deber de los Estados penalizar estas prácticas, en la mayoría de los casos las redes de prostitución trabajan en complicidad con la policía y las autoridades fronterizas. Por ello, uno de los objetivos de Matrioshki y Tráfico humano es señalar quiénes son los culpables y las víctimas de esta historia.