(Página 2 de 2)
Ana María Duque, asesora de la viceministra del Interior, considera que este tipo de series ponen en boca de la opinión pública temas que la gente evade con mucha frecuencia. "Como la mayoría de las personas se van engañadas, ponerles de presente esto sensibiliza y genera alarmas. Si se hace con responsabilidad, los temas le llegan a la gente que está vulnerable a la trata de personas y que, por lo general, ven series y novelas".
Duque recuerda Todos quieren con Marilyn, telenovela emitida en 2004 por RCN que trataba el tema de la prostitución. Su realización fue un trabajo conjunto entre el Ministerio del Interior, el canal y organizaciones de derechos humanos. "Verla, hizo que la gente hablara de esos temas", recuerda la asesora del Ministerio del Interior.
Los programas de televisión sobre la violación de los derechos de la mujer no tienen por qué ser aburridos o de mala calidad. Las altas audiencias que logró Matrioshki en su primera temporada y que se espera superar en la segunda -cuya trama sucederá en su mayoría en Tailandia-, demuestran que buenos contenidos se pueden narrar en formatos de alta factura.
Esta modalidad, que parece funcionar en otros países y que ya ha hecho sus primeros pinitos en Colombia, no solo promete éxitos televisivos, sino una contribución a la solución de los dramas humanos.
TAMBIÉN EN CINE
Mariposas del Mekong, de Pedro Barbadillo y Carlos Ayuso, es el testimonio de una camboyana de 17 años obligada a prostituirse en Malasia.
Colinas ciegas, de Li Yang, denuncia los matrimonios forzados en China. Fue presentada en el Festival de Cine y DD.HH.
Voces: contra la trata de mujeres, documental de Mabel Lozano, cuenta la historia de 12 inmigrantes sometidas a la explotación sexual en España.
Nordeste, del argentino Juan Solanas, enseña el tráfico, la prostitución y el maltrato infantil en una región en la que los niños se compran sin ninguna repercusión legal.