Un recuento del crecimiento de la producción nacional en los últimos diez años.
LOS 25 ESTUDIOS de grabación de Bogotá no dan abasto en estos días, y a los productores no les ha quedado más remedio que apuntarse en la lista de espera. No fue suficiente con que los empresarios invirtieran en infraestructura y levantaran estudios de más de 2.000 metros cuadrados en los municipios de Funza, Mosquera y Sopó, en las afueras de la ciudad. La pelea por el rating de Caracol y RCN ha despertado una industria que, una década después de su primera emisión como canales privados, desborda con nuevas producciones y tecnologías. Algunos han llegado a afirmar que incluso hay escasez de actores.
Hasta julio de 1998, la televisión nacional estaba compuesta por tres canales: el Canal A, el Canal Uno y el Canal 11, de televisión educativa. Todos eran administrados por el Estado, que asignaba espacios a programadoras privadas cuyos nombres aún resuenan en la memoria: Punch, RTI, RCN, Jorge Barón, Caracol, Coestrellas, Colombiana de Televisión, Promec, Cenpro... Tras una licitación llevada a cabo en 1997 por la Comisión Nacional de Televisión, RCN y Caracol obtuvieron la licencia de dos nuevos canales por un monto de 95 millones de dólares, lo que significó que a partir del momento estas podían elegir su cartelera y acomodar los horarios según sus necesidades.
Los nuevos canales arrollaron desde el comienzo y a las programadoras no les quedó otra salida que adaptarse o desaparecer. Unas, en efecto, quebraron; otras lograron sobrevivir en el Canal Uno, y otras se convirtieron en productoras que venden programas a RCN o Caracol.
El obligado viraje de las antiguas programadoras no solo se debía a que los dos canales privados tuvieran más músculo económico y mejores recursos tecnológicos, sino al hecho de que podían darse el lujo de organizar la parrilla de tal manera que un programa le pasara su audiencia al siguiente, este a su vez al siguiente y así sucesivamente. "Con los canales privados llegó a Colombia el concepto de 'arrastre' -dice la analista de audiencias Camila González-. Algunos observadores incluso afirman que las familias colombianas suelen estar 'casadas' con un canal".
Otra ventaja del esquema inaugurado hace una década es que ofreció mayores garantías a la hora de invertir. En el modelo anterior, era frecuente que el gobierno de turno entregara 'a dedo' los espacios, por un lapso de dos o a lo sumo cuatro años, como una forma de pagar favores políticos. El nuevo modelo, en cambio, otorgó licencias por 10 años, lo que hizo viable apostar a proyectos de mayor envergadura. Todos esos cambios condujeron a la aparición de formatos que nunca se habían visto -como el reality-, al desarrollo tecnológico y a la profesionalización del gremio. En síntesis, ahora existe una verdadera industria de la televisión.
El reinado de la telenovela
Al privatizarse, RCN y Caracol pasaron de producir un par de horas diarias -como sucedía cuando los canales públicos les cedían espacios en concesión- a programar las 24 horas del día. Por eso las productoras se volvieron indispensables: tanto aquellas de vieja data que intentaban sobrevivir supliendo el déficit de contenidos -por ejemplo RTI-, como las nuevas empresas que se crearon previendo esa necesidad. Productoras como Teleset, Vista Producciones o Polea, entre otras, se fueron constituyendo o creciendo a través de los años al amparo de Caracol y RCN.
Un año después de la privatización, RCN estrenó Yo soy Betty, la fea, que con sus frenillos y sus gafas encantó a Colombia y al mundo. El éxito de esta telenovela, hecha al mejor estilo colombiano, llevó a pensar que ese era el modelo ideal en el país. Y sí, historias que siguieron la misma línea, como Pedro el escamoso o Los Reyes, dieron de qué hablar, pero la llegada de novelones como Pasión de gavilanes y Pura sangre, con su alta dosis de odios y venganzas, comprobó que el melodrama tradicional tenía tanta o más acogida en la audiencia nacional. "Aunque hubo intentos de proponer un estilo propio, los canales se siguen agarrando del rating y eso implica que se conserven los cánones -afirma el actor y director Pepe Sánchez-. A los colombianos les encanta el culebrón mexicano".
La telenovela reinó durante los primeros cinco años de aplicación del modelo, y la diversidad existente antes de la privatización se redujo considerablemente. Sin embargo, poco a poco los canales y las productoras han intentado innovar. En esa búsqueda, apareció el primer reality show colombiano, Expedición Robinson (2001), una adaptación del formato de Castaway producida por Teleset para Caracol. De ahí se desprendió un boom de realities: Pops stars, Gran hermano, Protagonistas de novela, Cambio extremo, Factor X, Bailando por un sueño...
Las productoras aprendieron entonces a adaptar formatos de entretenimiento que han sido taquilleros en otros países y perdieron el miedo a competir con las telenovelas que adoraban los colombianos. Finalmente, entendieron que en el país también se pueden crear formatos propios. De ahí han surgido empresas productoras de contenidos como Sí Hay Ideas, hija de Teleset. "Cuando yo iba a conseguir formatos al exterior veía que lo que nos mostraban eran contenidos inferiores a los que nosotros podíamos inventar -explica Juan Pablo Gaviria, vicepresidente creativo y de producción de Teleset-. Así que decidimos arrancar el proyecto para mover nuestra creatividad hacia fuera". En nueve meses de vida ya tiene cuatro formatos vendidos, uno de los cuales podría ser comprado y distribuido por una firma estadounidense.
En la búsqueda de renovación también se hicieron algunos intentos por adaptar otro tipo de formatos, como dramatizados y comedias estadounidenses, pero sin los resultados esperados -Casados con hijos (2004) y Amas de casa desesperadas (2007)-. También se produjeron miniseries -Sin tetas no hay paraíso (2006) y Mujeres asesinas (2007)- e incluso RCN, con el apoyo de Fox Telecolombia, incursionó en las llamadas telemovies, películas hechas exclusivamente para la pantalla chica, como La pócima y La beca.
La verdad es que sí hay oferta y en ese sentido la competencia ha disparado la producción, pues cada canal debe estar preparado para actuar si alguno de sus programas no es bien recibido. "A medida que la pelea de los dos canales por el rating crece, surgen más producciones -explica Gaviria-. Hoy hay mucha más rotación de producto que antes". Un programa como El Zorro, de Caracol, es un ejemplo perfecto: empezó a transmitirse a las 9:00 p.m. y terminó en el horario de las 11:45 p.m. La marca del deseo, de RCN, corrió la misma suerte: pasó de la franja prime al horario de la tarde.
Calidad cinematográfica
En la pelea por la audiencia y en la búsqueda por ser competitivos internacionalmente, algunos realizadores, especialmente los más jóvenes, se han atrevido a pensar que en Colombia existen los recursos suficientes para producir televisión con la calidad estética del cine. Como en las grandes producciones de Hollywood, ahora los canales piden servicios como los de Bajocámara, una compañía de efectos especiales dirigida por el italiano Gabriele Porta, quien trabajó con Martin Scorsese y Mel Gibson y recientemente ayudó con las explosiones y los asesinatos del Cartel de los sapos. Tal despliegue tecnológico implica costos, pero los productores están dispuestos a invertir millones porque para ellos la calidad es sinónimo de rating.
Así mismo, en la producción de un reality se pueden usar hasta 12 cámaras con diferentes tipos de lentes, y el terreno está allanado para la producción en alta definición, que todavía no se puede transmitir en Colombia. Hoy los procesos son más eficientes, la edición se hace casi en tiempo real y la preparación de los técnicos ha crecido a la par que las producciones. "Antes los camarógrafos solo tenían una estética de telenovela, así que los hemos ido entrenando para que se adapten a otros formatos", explica Gaviria. En la actualidad incluso deben ser bilingües para aportar a la internacionalización de las producciones.
Adicionalmente, tras el fenómeno de Betty, la fea, vendida a más de 80 países, Colombia ganó fama mundial por sus telenovelas. El beneplácito internacional motivó nuevas apuestas en el exterior, como fue la creación, en 2003, de Caracol Internacional y TV Colombia, de RCN, que llegan a través de televisión paga por cable y satélite a 25 países. Ambos transmiten series, telenovelas, magazines y noticias las 24 horas del día, y cada uno calcula que llega a unos cinco millones de hogares fuera de Colombia.
Además, la sofisticación tecnológica, los costos relativamente bajos y la cercanía a Estados Unidos fueron una invitación para que extranjeros produjeran en Colombia. "Nos convertimos en una excelente maquila -asegura el analista de televisión Ómar Rincón-. Le podemos hacer televisión más barata a todo el mundo y nos hemos vuelto eficientes, industriales y creativos". Ahora bien, el precio de la 'primiparada' fue alto: como afirma Rincón, entre 2002 y 2004, en el intento de "ser ciudadanos del mundo", los productores colombianos no vendieron ni acá ni allá. Fue necesario esperar hasta 2005 y 2006 para comenzar a ver 'vacas gordas'.
Por fuera de los canales privados, pero dentro de la dinámica de mejoramiento generalizado de la producción colombiana, un buen ejemplo es la serie Tiempo final, la primera creación de ficción hecha en América Latina por un canal de cable básico regional -Fox-.
La serie es transmitida desde 2007 en un horario de altas audiencias, con tanto éxito que la compañía no solo decidió hacer una segunda temporada, sino que se animó a grabar Mental, una serie en inglés que gira en torno a un hospital y que ha traído al país a directores y reconocidos actores de Estados Unidos para hacer los 13 capítulos iniciales.
Emiliano Calemzuk, presidente de Fox Television Studios, asegura que en Colombia es posible reducir los costos en un 60 por ciento sin renunciar a la calidad original. Una cifra muy atractiva para la productora internacional, que apuesta por primera vez a grabar este tipo de programas por fuera de Hollywood.
Vacíos por llenar
La industrialización de la televisión en Colombia ha dejado, sin embargo, algunos damnificados. El más prominente: la diversidad. "Me queda la nostalgia de haber pasado de 24 programadoras con ideas de país distintas a dos con propuestas demasiado similares", asegura Ómar Rincón. Por otra parte, no son pocos los analistas que consideran que el "duopolio" ha propiciado cierta falta de respeto con los espectadores, que tienen que soportar inesperados cambios de horarios por culpa de los bandazos del raiting. "Y no pasa nada porque, por mal que le vaya a un canal privado, le queda el consuelo de ser subcampeón", añade Rincón.
La migración al cable y el éxito de ciertos canales locales dan cuenta de ese descontento. CityTV, el primer canal privado de esta especie, le ha apostado justamente a variar el menú. "City es una alternativa de programación -afirma su director Darío Restrepo-. En realidad, lo que hacemos es contraprogramar: cuando los canales nacionales ofrecen novelas, nosotros ofrecemos opinión; cuando ofrecen realities, ofrecemos humor. No es simplemente por estar en contra, sino para darle diversidad a la televisión".
La gran lección de la privatización, sin embargo, es que todos se vieron obligados a mejorar para entrar en una competencia atizada cada día más por otras ofertas como el cable, Internet, el cine y los DVD. Nadie duda que hoy la televisión colombiana está mejor dotada, pero no es menos cierto que hay vacíos. La licitación del tercer canal privado y el advenimiento de la televisión digital aparecen como esperanzas para que haya más emociones y reaparezca la diversidad que tanto se necesita.
LOS MÁS VISTOS DE LA DÉCADA
1998: 'LA MUJER DEL PRESIDENTE' (Caracol)
1999: 'PERRO AMOR' (Canal Uno)
2000-2001: 'YO SOY BETTY, LA FEA' (RCN)
2002: 'PEDRO EL ESCAMOSO' (Caracol)
2005: 'DESAFÍO 20.05' (Caracol)
2003-2004: 'PASIÓN DE GAVILANES' (Caracol)
2006: 'SIN TETAS NO HAY PARAÍSO' (Caracol)
2007: 'PURA SANGRE' (RCN)
2008: 'LA HIJA DEL MARIACHI' (RCN)