Mayo 7 de 2008

Posibilidad de cambio de horario de la ciclovía ha puesto en alerta a sus usuarios

Vea lo que opinan personas que disfrutan y viven de esta.

Vea qué opinan los usuarios sobre el cambio de horario.

ANA RODRÍGUEZ HACE AREPAS todos los domingos en la carrera séptima, frente al Parque Nacional, desde hace ocho años. En un día de sol puede vender 100, a 1.200 pesos cada una. "Con este hornito sostengo a mis hijos -dice-, nos da el sustento para sobrevivir". Como ella, hay casi 2.000 personas que viven de la ciclovía y miles de ciclistas, patinadores y caminantes para los que cada hora de esa ruta dominguera es imprescindible.

La ciclovía nació sin muchas pretensiones hace 35 años, bajo la administración de Alfonso Palacio Rudas. En ese entonces solo comprendía las carreras séptima y 13, desde el centro hasta la calle 72. Pero en 1995 el alcalde Antanas Mockus la graduó con honores y la convirtió en una red de vías que ocupa 121 kilómetros a lo largo y ancho de la ciudad y que los bogotanos, de origen o adoptados, recorren sin falta todos los domingos y festivos del año.

Según estudios realizados por el Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte  (IDRD), más de un millón de personas sale a la ciclovía cada semana. Para ellas el domingo es sinónimo de bicicleta, familia, deporte y aire puro. Incluso para los que no la usan, como el crítico de televisión Ómar Rincón, es importante porque saben que ahí estará si algún día se ven obligados a usarla: "Unas horas de ejercicio y de sol no le sientan mal a nadie", dice.

Con o sin ruedas

Las personas no solo usan la ciclovía para trotar y montar en bicicleta, sino que disfrutan de los hijos que le han nacido: recreovías para bailar y hacer aeróbicos con expertos; puntos infantiles donde los niños pueden hacer deporte dirigido o participar en talleres de pintura u origami; centros de atención veterinaria dedicadas a las mascotas de los paseantes; metas volantes con refrescos y comida; zonas para practicar deportes extremos. La ciclovía es hoy mucho más sofisticada que en sus inicios.

Faridez Rivera llega a las 10 de la mañana. Su recorrido empieza en el barrio Ricaurte,  pasa por el aeropuerto, continúa en la 26 y culmina en el Parque Nacional. "Me toca devolverme a la una porque me demoro una hora en llegar a mi casa", explica. John Alexander Leiton, en cambio, disfruta del riesgo. "Me levanto tarde y después voy a saltar en los puntos de deportes extremos".

Por eso ha resultado un mal chiste la propuesta del concejal José Fernando Castro Caycedo de correr el horario de la ciclovía para que empiece a las 5 de la mañana y termine a las 12 del día, y no se extienda de 7 a.m. a 2 p.m., como sucede ahora. La justificación de Castro es la congestión que provocan las calles cerradas a la hora del almuerzo. Y su propuesta ya pasó el primer debate.

Los defensores de la ciclovía no se han quedado quietos. Uno de los primeros en reaccionar fue Andrés Hoyos, el director de El Malpensante, quien puso a circular por Internet una carta para sumar adeptos contra la propuesta de Castro. En el mismo sentido se han expresado usuarios de Facebook, que ya crearon un grupo para impulsar una firmatón que reúna el mayor número de opositores al proyecto. Un gringo, Mike Ceaser, que quiere la ciclovía como cualquier colombiano, intentó cara a cara hacer que Castro cambiara de parecer. Incluso el alcalde Samuel Moreno ha defendido la ciclovía por ser patrimonio de cientos de bogotanos.

Todas estas iniciativas se fundirán el próximo 11 de mayo en el Parque Nacional, en una marcha que intentará poner fin a lo que ellos consideran que es un despropósito.

Muchos opinan que el proyecto de ley no ha tenido en cuenta el tiempo que las personas gastan de sus casas a los puntos a los cuales se dirigen; que los niños quieren dormir hasta tarde un día de la semana; que los adultos trasnochan los sábados y no les gusta madrugar; que de 10:30 a.m. a 12:30 p.m sale la mayoría de la gente -según estudios de la Universidad Nacional y del IDRD- y, de terminarse a las 12, en la práctica se reduciría el tiempo para disfrutarla.

A los usuarios se unen los trabajadores. Vendedores de refrescos y comida, mecánicos, auxiliares de policía, entrenadores de aeróbicos, veterinarios y toda la masa adicional que se mueve en torno a esa fiesta matutina dominguera se niegan a regalarles dos horas a quienes ven la ciclovía como un enemigo.

"La semana tiene 168 horas, de las cuales solo siete son de ciclovía" -dice Juan Camilo Hoyos, uno de los líderes que impulsa el movimiento en contra del proyecto de ley-. Los domingos las personas renuevan la energía que gastaron el resto de la semana, por eso la ciclovía lo vale todo. Son unas cuantas horas perdidas de carro, pero mucha vida por ganar.

» DESCONOCEDORES
OTROS SERVICIOS

DESDE AGOSTO DE 2006 el IDRD decidió metérsela toda a la ciclovía. Ahora es un proyecto más ambicioso caracterizado por todas las oportunidades que ofrece. Las estaciones de servicio son el ejemplo perfecto: puntos con vendedores de comidas y bebidas, talleres de reparación, parqueaderos, personas que dan información, primeros auxilios y recomendaciones para llevar una vida más saludable.

» ARRIESGADOS
DEPORTES EXTREMOS

NIÑOS Y JÓVENES se amontonan cada domingo en la calle 26 con carrera 9a. para ver la piruetas de los más osados. Para muchos el encanto de la ciclovía radica en saltar, caerse y llegar con moretones a la casa. Otros  disfrutan viéndolo. Lo cierto es que los puntos de deporte extremo -con sus rampas, tubos y muros para escalar- son un éxito y convocan a más de 200 personas cada domingo.

» INTERESADOS
COMBO MECÁNICO

HACE DOS AÑOS los vendedores y mecánicos que solían trabajar independientemente en la ciclovía lo hacen en conjunto con el Distrito. Pagan 10.000 pesos y reciben toldos, uniformes y cursos sobre aprovechamiento económico, manipulación de alimentos, atención al cliente y primeros auxilios.

Ver Términos y Condiciones.

COPYRIGHT © 2008 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.