LA NOCHE DEL 20 de julio de 2007, una multitud de adolescentes se agolpó en la librería Barnes and Nobles, en Nueva York, dispuestos a aguardar en la calle el lanzamiento de Harry Potter y las reliquias de la muerte como si esperaran la apertura de las puertas para un concierto de rock. Pero no era a una estrella de la música a la que le hacían guardia, sino a aquel personaje literario que los tenía hechizados desde hacía 10 años y que al otro día cumpliría su último encantamiento.
Como por arte de magia, las primeras 24 horas de ventas arrojaron cifras espeluznantes: 14 millones de copias en Estados Unidos; 2,5 millones en el Reino Unido. Como el flautista de Hammelin, Harry Potter había vuelto a hipnotizar a millones de lectores en el mundo, que no pudieron resistir la tentación de saber antes que nadie cómo terminaría todo.
El fenómeno, guardadas las proporciones, se ha repetido en Latinoamérica desde el 21 de febrero, cuando ocurrió el lanzamiento de la novela en Español. La editorial Salamandra encargó no una sino seis traducciones distintas para cada región, dependiendo de su habla. La primera edición, en total, fue de 1.500.000 ejemplares: 750.000 para España, 300.000 para México, 200.000 para Argentina, y 250.000 para el resto de Latinoamérica. A Colombia llegaron 42.000 ejemplares, lo cual habla a las claras de lo rezagado que anda el país en comparación con España, Argentina y México. En todo caso es un número considerable si se tiene en cuenta que el promedio de impresión de un libro en Colombia es de 3.000 ejemplares. En solo una semana, Harry Potter y las reliquias de la muerte vendió 9.000 unidades, y según Rodrigo Cadavid, distribuidor del libro en Colombia, se espera que en mayo las cuentas hayan ascendido a 40.000. "En general, dice Cadavid, cada capítulo ha vendido 15% más que el anterior, y el último no creo que sea la excepción".
Harry Potter y las reliquias de la muerte, el séptimo y último capítulo de la saga literaria más exitosa de la historia, había prometido a sus lectores las respuestas que anduvieron escondidas durante los seis capítulos anteriores. Y su autora, J.K. Rowling, no iba a defraudarlos. En la novela el joven Potter, al borde de la mayoría de edad, se enfrenta por fin con el Señor Tenebroso, el innombrable Lord Voldemort, quien regresó de las tinieblas dispuesto a cobrar venganza y acabar de una vez por todas con el último miembro de la estirpe Potter. En este séptimo capítulo, los lectores saben por fin la suerte que corrió el sabio profesor Dumbludore, y el destino que le correspondió al rígido y oscuro profesor Severus Snape; el desenlace de la rivalidad entre Potter y el antipático de Dragus Malfoy; qué sucedió con Ron y Hermione, y, a todas estas, cuál fue el futuro que le aguardó a la paciente y amorosa Ginny. Incluso, aparece por fin el hechizo más antiguo de la magia: "Abra cadabra", y no precisamente referida a un escondite de villanos.
¿Se podía esperar más?
"No -es la respuesta de Laura Vargas, una estudiante de 13 años que le ha seguido la pista a la saga prácticamente desde que aprendió a leer-. Con este desenlace, Rowling nos ha dejado tranquilos a todos".
Quizás el mayor encanto de Harry Potter residió en haber crecido con sus lectores. En el primer tomo, Harry tiene 11 años; en el séptimo, 17. Quienes lo empezaron a leer a los 11, con seguridad se dieron cuenta de que el encantamiento de Potter tenía su contra en la mayoría de edad. "En general fue maravilloso -comenta Lina María Uribe, estudiante de la Universidad de Los Andes de 18 años que comenzó a leerlo justamente cuando tenía 11, y fue una de las que lo devoró en inglés el año pasado-. Pero en la medida en que uno va creciendo, también va perdiendo la gracia. En el último libro Harry ya ni siquiera va a Howards, se ha convertido en un adulto. Hasta aquí ha sido suficiente".
Si el epílogo parece o no el final de una telenovela, como afirma Lina, es asunto de cada lector. El caso es que la juventud tiene otro trozo de pan literario salido del horno, como si fuera un merengue en la puerta de un colegio. La magia de Harry ha vuelto por sus fueros.