El pequeño testamento del gran pensador George Steiner

George Steiner y la carátula de su libro 'Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento', del Fondo de Cultura Económica, 2007

GEORGE STEINER cumple 79 años este año, el 23 de abril. Nada parece indicar que el paso de los años haya disminuido la riqueza de su pensamiento, pero sí lo ha ensombrecido. "Tardé demasiado en comprender que lo efímero, lo fragmentario, lo burlesco, la ironía de uno mismo son las claves de la modernidad", afirma en Errata, originalmente publicado en 1997, cuando el gran ensayista estaba a punto de cumplir setenta. Y concluye tristemente: "Son nuestras percepciones acerca de la muerte, nuestro sentido del tiempo, del consiguiente impulso clásico en el arte y la poesía por pervivir, por alcanzar la atemporalidad, las que hoy están siendo radicalmente cuestionadas".

En ese "examen de una vida", un libro soberbio y sin concesiones como todos los suyos, está el germen de este volumen pequeñito, una joya cuidadosamente editada con el maravilloso título de Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento. Y si allá va hilando lentamente sus amores y sus arrepentimientos, sus sueños y sus frustraciones, aquí se lanza de lleno a los brazos densos de un amor de juventud, el filósofo romántico Schelling, y a partir de una cita tomada de Sobre la esencia de la libertad humana, ventila sus cavilaciones en torno al pensamiento humano.

Las diez razones para la tristeza que Steiner plantea conforman, en primera instancia, un parte de derrota: "nunca sabremos hasta dónde llega el pensamiento en relación con el conjunto de la realidad", afirma para empezar; solemos tener poco control sobre nuestros pensamientos, y estos por lo general son trillados, comunes.  

Y sin embargo, también somos capaces de tener pensamientos decisivos y, en ocasiones, de acercarnos a "una verdad vital".

Steiner puede escribir como un pesimista, pero su obra lo contradice. Y este breve testamento es como para leer en el bus, de camino al colegio o a la universidad, cuando todavía nos tomamos en serio nuestra capacidad de formularnos preguntas sin necesidad de tener a mano las respuestas.  

POR MARGARITA VALENCIA

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