TV, la 'vedette' del festival de Cine de Cartagena

Programas como el de Pirry merecen mayor debate.

PREPARAN MALETAS los interesados en el Festival de Cine y Televisión de Cartagena, un festival del que se habla mucho porque, no hay duda, la industria de cine vive un buen momento, y así, el Festival de Cine cobra cada vez más sentido, pero el de Televisión...

A vuelo de pájaro se descubren grandes diferencias entre los dos eventos que, sin embargo, reciben premios en los mismos escenarios. El de Cine dura una semana, tiene jurados por categorías, salas para proyecciones especiales, horarios diferentes para facilitar la asistencia, talleres sobre temas relacionados con el séptimo arte, ruedas de prensa con directores y guionistas, y mesas de negocios con productores extranjeros. El de TV, en cambio, tiene el mismo jurado para todas las categorías, dura sólo tres días en los cuales las "estrellas" de la pantalla chica se pasean por la playa, dan entrevistas, posan para fotos de las revistas de farándula y critican a sus rivales de nominación.

La razón de las diferencias radica en el origen. Mientras el de Cine nació en 1960  al arrullo de un grupo de intelectuales que apoyó con mucho entusiasmo la iniciativa de Víctor Nieto, dueño y programador del Teatro Miramar de entonces, el de Televisión llegó a Cartagena en 1984 para llenar el vacío que dejaron las vedettes que fueron noticia en las primeras décadas. Pero por una u otra razón las divas no volvieron y un festival de esta naturaleza necesita estrellas. Aunque sean criollas. La solución, entonces, estaba en la TV que, de inmediato, aceptó participar y hasta la fecha lo ha hecho, y con honores. Pero el papel farandulero de la pantalla chica tiene que terminar. Lo imponen las nuevas circunstancias:  si antes solo participaban los canales de televisión abierta, desde hace un año el círculo se amplió y ahora participan trabajos de la televisión regional, de los canales universitarios, de los canales comunitarios, lo cual amplía el espectro, las posibilidades y los criterios de selección

La televisión ya no puede cumplir sólo el papel de vedette superficial y sonsa representado por las protagonistas de las telenovelas o la rivalidad de algunos buenos periodistas que pierden credibilidad cuando enarbolan con tanta evidencia las banderas de la firma que representan. El Festival de Televisión ahora es también un medio de confrontación y denuncia, como lo demuestran los documentales investigados por canales universitarios que presentan de manera desgarradora la situación del país.  Imposible olvidar la imagen de un campesino viejito que lloraba aferrado a unos huesos que le habían entregado en el barrial de una fosa común y que cuando un oficial quiso consolarlo le dijo: "Lloro pero de felicidad porque, al fin, encontré los huesos del hijo que llevaba buscando hace cuatro años".

Este tipo de investigaciones, lo mismo que las realizadas por Mauricio Gómez o por Pirry, para nombrar sólo las más destacadas, exigen que el Festival de Televisión entre en una dimensión diferente. Que también haya talleres, conferencias y debates sobre los temas que proponen los canales universitarios, que las comunidades puedan exponer sus necesidades en los programas que las representan, que haya una vitrina de ventas para que quienes tengan buenas ideas las expongan y los interesados puedan negociarlas. Sería una forma de democratizar la televisión y de demostrar que el medio ha madurado.

Quizás esa nueva dimensión podría romper las eternas y tontas peleas entre canales privados que siempre rivalizan por el protagonismo de sus producciones y con ello demuestran que, como las vedettes, la función de la TV en el Festival es hacer pataletas públicas.

POR MARTHA BOSSIO,
libretista y crítica de TV.

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