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La motivación de Hansel Camacho para viajar a la fría capital, era participar en el programa Componga, cante y gane. Para el hijo soñador de un clarinetista "extrañamente blanco" y una mujer que se despertaba y acostaba bailando, el concurso era un nuevo paso en ese camino que había descubierto en La Yesquita, un barrio de Quibdó con sabor de sobra y donde descubrió la música y el fútbol, las dos obsesiones de su vida. Se dedicó desde siempre a la guitarra, a la salsa, al bolero, a enseñar música, a componer y a actuar, oficio al que llegó por una audición en la que lo confundieron con Moisés Angulo. Pero esa es otra historia.
Hansel Camacho es ahora el vago, alegre y bonachón Ananías Mena de La sucursal del cielo, la serie de Caracol, ambientada en la Cali de los años 70, la Cali de la mejor salsa, que desarrolla la historia del barrio El Templete y la llegada de unos vecinos que se acaban de ganar el chance: la familia Mena.
"A la televisión le hacía falta calor y nosotros llegamos para ponerle la calentura, la sabrosura", dice Julián Díaz, quien hace el papel de Eddy, un sobrino de malas que llega de Buenaventura. Los Mena llegaron, además, para darle un respiro al Canal, que ahora sí está, noche tras noche, en una reñida pelea por el rating del horario estelar.
Para Díaz, el negro quien estuvo a una semana de ser policía, la responsabilidad de ponerle sabor a la serie ha sido como una misión natural. "Tengo un grupo de reggae, hip hop y funk que me da un feeling con la serie -dice-. Los negros tenemos la percusión encima, el tumbao".
Belky Arizala hace el papel de la niña de la familia, Mariela Mena. Un papel que a la bella empresaria y disciplinada modelo, víctima y enemiga pública del racismo, le pareció atractivo, como atractivos los ingredientes de la serie: la mezcla de comedia y documental, el impacto social y la posibilidad de decir: "Los negros sí vendemos en televisión".
Porque para ellos tres, La sucursal del cielo es bastante más que un buen trabajo en televisión. Con la fama, el reconocimiento y el cariño buscan abrir espacios para otros artistas de su raza. Arizala, cucuteña de la congregación de San Héctor Lavoe, lo tiene claro: "Acepté el papel porque era digno, porque los Mena llegan a integrar y quiero que el mensaje llegue a todas partes, la ciudad más racista de Colombia". Camacho, por su parte, hace eco al llamado para construir un país más universal, tolerante y respetuoso de las diferencias y asegura: "En el medio a uno lo llaman porque necesitan un negro, no porque necesitan un actor".
En la vida real a los Mena los une, además, el gusto por la música y la rumba. Entre ellos hay química porque todos vienen de familias melómanas y porque creen del fondo de su alma que no hay nada más sabroso que bailar. De hecho, durante los tres meses que estuvieron grabando en Cali, salieron juntos, en familia, un par de veces a "tirar paso".
Belky resiste por poco tiempo el trans y el techno, típicos de la industria de la belleza en la que ella se mueve tan bien, y pronto huye hacia Pachanga y Pochola o Saoko. Díaz confiesa ser salsero "del Goce Pagano pa' arriba" y Camacho remata: "Yo soy una herencia de papás fiesteros".