La cinta de la más grande cantante popular de Francia es todo menos color de rosa.
BASTA VER LAS PRIMERAS escenas de la película para saber lo que vamos a presenciar: Edith Piaf, en los últimos años de su carrera, se desploma en el escenario. Luego, la cámara nos sitúa en Belleville, la mísera comuna parisiense en la que la niña Edith intenta sobrevivir a expensas de su madre, una aspirante a artista que vive de cantar en la calle, mientras su padre pelea por Francia en la Gran Guerra.
Todo juega en contra suya y su destino parece inevitable: terminar como prostituta en el lupanar de su abuela. Y sin embargo, su canto de ángel termina regalándole una oportunidad en la vida, a pesar de que de que las adversidades continúen hasta su muerte.
La vida de Edith Piaf es todo menos color de rosa, y quizás por eso es en sí misma una obra de arte. Olivier Dahan lo ha dejado registrado en el hermoso retrato que constituye La vida en rosa (La Mome -la niña- es su título original).
Narrada por medio de episodios, la cinta va saltando en el tiempo según se van asociando los recuerdos de la diva. Así las cosas, no se trata de una biografía lineal, sino de una sucesión de imágenes de vida que construyen poco a poco un perfil conmovedor.
Aparte de la excelente puesta en escena, del trabajo meticuloso de dirección artística y de edición, más allá del repertorio musical, todo lo cual contribuye a la belleza cinematográfica, lo que eleva a la cinta hacia dimensiones míticas es el extraordinario trabajo de Marion Cotillard. Puede que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood sea caprichosa a la hora de entregar el Oscar, pero sería por lo menos frustrante si Cotillard no se lleva la estatuilla en la categoría de mejor actriz.
Cotillard, a quien vimos tan linda y tan coqueta en la comedia Un buen año (2006) al lado de Russell Crowe, se transforma de tal manera para representar a Piaf, que es difícil reconocerla. Su interpretación, un tanto amanerada como suele suceder con las imitaciones, está sin embargo empapada de una emoción honda de la cual es difícil despegarse. La Piaf de Cotillard es embriagadora y eso es suficiente para que una película permanezca en la mente por mucho tiempo.
POR FERNANDO GÓMEZ GARZÓN
LA VIDA EN ROSA
Dirección: Olivier Dahan
Guión: Olivier Dahan, Isabelle Sobelman
Con: Marion Cotillard (Edith Piaf), Sylvie Testud (Mômone), Pascal Greggory (Louis), Emmanuelle Seigner (Titine)