El pianista Nelson Freire recibió el premio como disco de 2007 de la revista Gramophone

'Brahms - The Piano Concertos' de Nelson Freire (foto der.) y Riccardo Chally con Gewandhausorchester. DECCA , 2006

COMO QUIEN TEJE de manera silente y con prudencia una gran tela, tapiz o gobelino, teniendo presente en cada gesto y pasada de hilo la idea global, los detalles, diseño y color para lograr un tejido único, así ha sido la vida del pianista brasilero Nelson Freire, nacido en el año 1944, quien ha desarrollado su trabajo, alejado de la cosa mediática, discreto, moderado y sensato. Inició su carrera cuando apenas tenía cinco años adquiriendo notoriedad desde el año 1959, y hoy a sus casi 64 años y después de haber tocado en gran parte del globo terráqueo con diversas orquestas y con los más importantes directores, es sin lugar a dudas una de las glorias musicales de América, junto a Marta Arge-rich su gran amiga y el pianista y director Daniel Barenboim.

Sus interpretaciones son fruto de la sobriedad, siempre cargadas con un aire honesto, íntimo y sofisticado. En su arte interpretativo hay una concepción integral de cada pieza, convirtiéndolo en uno de los pocos pianistas que hacen cantar el teclado, de una forma tal, que subyuga a quien le escucha.

Justo premio a su vida ha sido el otorgado por la revista Gramophone como disco del año 2007 y también en la categoría de concierto a su impresionante interpretación de los Dos conciertos para Piano y Orquesta de Johannes Brahms, acompañado de la Gewandhausorchester dirigida por Riccardo Chally. Estos conciertos escritos por Brahms entre 1854 y 1858, el primero de ellos de 1878 a 1781 y el segundo después de un largo período de gestación, son ejecutados de manera magistral por Freire. Un aspecto curioso en esta grabación realizada en vivo es el aire íntimo que la rodea. Si bien estos conciertos pasan de lo delicado a lo grandilocuente y viceversa , en esta versión es como si escucháramos música de cámara, ya que la interpretación tanto del solista, como de la orquesta, la ingeniera y, claro, la acústica de la sala Gewandhaus de la ciudad de Leipzig, se unen para dejarnos completamente absortos, y a medida que se avanza en la audición se descubren las maravillas que se ocultan en estas partituras que tanto trabajo dieron al compositor, y de un Freire, que no afloja ni se distrae en su hilar, dando la sensación de estar presenciando la audición de un ritual. Escuchar estos conciertos en la interpretación realizada por Freire resulta una de las experiencias más gratificantes que un amante de la música pueda tener, sin duda una de las más justas elecciones hechas por quienes ven esta grabación, no sólo la mejor del 2007, sino una de las más bellas de este siglo.

Por CARLOS ALBERTO HEREDIA GALINDO

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