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EN UN SEMÁFORO de la carrera séptima de Bogotá, en un escenario acuático de última tecnología en Las Vegas, en la carpa clásica junto a El Campín. En una escuela en Cali para niños de escasos recursos, en un crucero en alta mar, en un teatro en Moscú, en un hospital oncológico... Circo se puede hacer en cualquier parte. Circo hay en todas partes.
¿Pruebas? La agenda de espectáculos del país está invadida de acróbatas, payasos, tigres blancos, malabaristas y trapecistas. Bien sea en Cali, en Medellín o en Bogotá.
Raúl Gasca, el hombre que habla con los animales, el domador de tigres, el descendiente de una dinastía circense nacida en México hace 70 años, está alistando su carpa para una nueva temporada en Bogotá, en la carrera 30 con calle 63, su cuartel central.
El Circo Hermanos Gasca es un fiel exponente del circo tradicional. El circo del algodón de azúcar, de las fotos instantáneas, del mico travieso, de los caballos danzantes, del elefante sobre el cual se casó Antanas Mockus y, claro, del globo de la muerte de los intrépidos motociclistas. El circo de la nostalgia.
Pero el circo ya no necesita de la mujer barbuda para existir. Su grado de sofisticación exige, más bien, atletas de alta competición, artistas disciplinados, músicos consagrados e ingenieros sintonizados con los más recientes avances tecnológicos. Colombia, como tantas otras partes del mundo, está contagiada por el circo contemporáneo y, guardadas las proporciones, por la majestuosidad del Circo del Sol, el imperio creado por Guy Laliberté, con unos 3.000 empleados y la fama de ser el mejor del mundo.
Ahí está, por ejemplo, el grupo La Gata, que de animar celebraciones privadas y lanzamientos de productos comerciales, acaba de pasar a presentar su primera propuesta de gran formato, Déjà vu, en la que se vale de 11 artistas en escena, más un músico encargado de los efectos de sonido, una persona que vigila la seguridad de los números aéreos y un luminotécnico.
Juan Felipe Ortiz, integrante del grupo, le atribuye el auge de este tipo de expresión circense -sin animales ni estrellas solitarias ni diálogos- a la llegada de españoles y argentinos itinerantes que, con sus malabares, sembraron la inquietud en los artistas colombianos. Pero entonces no era más que una forma de expresión empírica, medio callejera, como la de los payasos, que evolucionaron de la simple nariz roja y una peluca colorida al movimiento clown, que se caracteriza por un humor mucho más sutil y exigente.
"Colombia ha experimentado la profesionalización del oficio -dice Mario Escobar, de la compañía Ku Klux Klown-. Antes era una muestra del rebusque para vender almuerzos. Ahora la gente que lo hace ha estudiado el asunto e incluso las escuelas de actuación ya ofrecen clown en su pénsum".
Los circos se han estilizado a tal punto que las grandes compañías los han empezado a utilizar para sus celebraciones más importantes. Del 29 al 2 de diciembre, Servientrega celebrará sus 25 años con Storm, un show de la Generating Company exclusivo para sus clientes. Según cuentan la obra, alabada por la crítica donde se ha presentado, borra la línea que separa el circo del teatro. Cafam, por su parte, ofrecerá su propio espectáculo clown durante su ya tradicional feria anual.
La fiebre es tan evidente que, luego del éxito abrumador de Villa Villa (de De la Guarda), para el Festival de Teatro de Bogotá, que se llevará a cabo en abril de 2008, están confirmados cinco circos, incluído uno que llegará con su carpa desde África.
MÁS DE LA CARPA
Para no creer
!OH! CON MAYÚSCULA. El show acuático del Circo del Sol (hotel Bellagio en Las Vegas) es un deleite visual
y tecnológico.
-85 artistas en escena. Todos buzos certificados.
-70 millones de dólares costó el teatro.
-1.800 sillas (casi siempre agotadas).
-1,5 millones de galones de agua y un sistema de audio subacuático tiene la piscina.
-31 grados es la temperatura del agua.
Para aplaudir
LA ESCUELA NACIONAL Circo para Todos, con sede en Cali, es la primera escuela profesional de circo en el mundo que surge de una preocupación social. Fue fundada en 1997 y está por graduar a su sexta promoción. Circo para Todos realiza talleres en los barrios populares de Cali que, a su vez, sirven de semilleros para futuros estudiantes de la escuela profesional. ¿Por qué funciona? Porque las virtudes que desarrolla un buen artista circense
-disciplina, talento, concentración y energía- son las mismas que se necesitan para una vida mejor.