Todas las voces todas

Steve Nieve & Muriel Teodori. Welcome to the voice. Universal, 2007

POR JACOBO CELNIK

SI LOS OJOS SON el reflejo del alma, la voz es el pasaporte a la eternidad y la salvación humana. Bajo esta premisa, Steve Nieve, reconocido teclista y compositor inglés, y la cineasta francesa Muriel Teodori, lograron unir a un grupo de voces con características opuestas, en torno a Welcome to the voice, ópera que cuenta el drama de un amor imposible, o mejor, un drama sobre "encuentros improbables", como lo describe el disco.

Cada pasaje es tan intenso y emotivo que automáticamente nos hipnotiza con los matices y tonos con los cuales se presentan los roles. Es un tipo de ópera que rompe con todo esquema conocido porque mezcla música clásica de cuarteto, jazz y melodías pop. El primer corte, el prólogo de Dionysos, interpretado por Sting, es épico, natural y lleno de sensualidad. Con el tiempo y como sucede con el vino, la voz del líder de The Police suena mejor y alcanza tonos que en los años 80 eran poco probables para un artista de estas características.  

Y son las voces, por encima de la música, el aspecto fundamental de la obra. A pesar de lo difícil que era unir a artistas de diversas compañías discográficas y lograr que un gran sello clásico la decidiera grabar, Nieve y Muriel se salieron con la suya. Junto a Sting aparece Elvis Costello interpretando el rol de jefe de la Policía, Robert Wyatt como el amigo de Dionysos, y la soprano norteamericana Barbara Bonney, como la musa inalcanzable. 

En los años 70 era costumbre que las bandas de rock tomaran influencias de la música clásica para sus composiciones. Gracias a grupos como Genesis, Procol Harum o Emerson Lake and Palmer aparece el rock sinfónico. A mediados de los 90, varios artistas pop, como el propio Costello se alejó de su hábitat natural para acercarse a la música clásica. El año pasado, Sting lanzó un disco de música isabelina interpretado con laúd. Un proceso diferente para artistas que durante muchos años arrasaron con las listas de popularidad.

En pleno siglo XXI la música clásica requiere los servicios de los tonos pop para universalizar y modernizar sus obras. Son voces diferentes a las convencionales de la ópera, con un grado de recordación e identificación mayor. Son voces que nos unen y nos acercan a estos "amigos" que cada vez están más cerca de la inmortalidad.

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