El actor Matt Damon habla con CAMBIO sobre 'The Bourne Ultimatum' y su relación con Latinoamérica.
JASON BOURNE, el personaje creado en los libros del desaparecido novelista Robert Ludlum, ha marcado un nuevo camino en el género de acción con las secuencias de persecución e intrigantes desenlaces que muchos hubieran querido ver en las películas de James Bond. Con The Bourne Ultimatum, tercera parte de la serie iniciada con Identidad desconocida y continuada por Supremacía Bourne, el director Paul Greengrass pretende satisfacer tanto a los fanáticos de la película como a los que verán a Bourne por primera vez, en una historia que se desarrolla en diferentes puntos del planeta y a la que le sobra adrenalina. Tal como lo dijera Greengrass, "las dos primeras películas fueron muy buenas en hacer preguntas como '¿quién soy?', o '¿quién asesinó a mi novia?'. Pero las respuestas que Bourne recibió no fueron completas. Esta tercera película ofrece todas las respuestas. Para el final de este filme, entenderán como Jason Bourne se convirtió en Jason Bourne".
Matt Damon, quien encarna a este misterioso mercenario del Gobierno norteamericano y que es perseguido por el fantasma de su pasado, habló con CAMBIO sobre su personaje.
CAMBIO: En su experiencia como actor ya ha tenido varias oportunidades de interpretar agentes de inteligencia norteamericana. ¿El hecho de tener que estudiar a fondo ese ambiente le ha cambiado su punto de vista sobre lo que está sucediendo en el mundo de hoy?
MATT DAMON: En verdad, ninguno de los filmes en que he estado involucrado sobre este tema me asusta tanto como cuando leo algunas historias en las páginas del New York Times. Cintas como El buen pastor y Syriana son narraciones con un mundo propio que cuestionan la doble moral de una agencia gubernamental que vive del espionaje, tecnología para interceptar llamadas telefónicas y cosas por el estilo. Claro, forman parte de ese mundo de paranoia hecha para entretener, pero son acordes al mundo de hoy, no se apartan mucho de lo que leemos en los periódicos.
Si se aparta un poco del personaje de Jason Bourne, ¿cuál es su opinión como ciudadano de ciertas atribuciones que el Gobierno actual le da a agencias como la CIA?
El Gobierno actual firmó recientemente un acta para vetar "actos de tortura", pero igual permiten otras técnicas cuestionables. Lo que quiero decir es que es preocupante ver cómo estos tipos de ahora están cambiando puntos de la Constitución para darle más poderes a la rama ejecutiva para consolidar poder. Eso me parece antiamericano y el próximo presidente va a tener que rectificar esto. Al final de esta película el público va a encontrar a un Bourne que es como un icono apuntando con un arma al hombre que lo engaña para entrar a una batalla fundada en falsas premisas, diciendo que no va a seguir en ese juego sucio porque simplemente no cree en esa política. Básicamente así se siente el pueblo norteamericano, engañado.
Esta es la última película basada en las novelas de Robert Ludlum, aunque hay otras novelas posteriores. ¿Cree que habrá otra continuación?
Le tengo un gran aprecio al personaje de Jason Bourne porque fue el que me ayudó a lanzar mi carrera y tener la oportunidad de trabajar con buenos directores, como Martin Scorsese en Los infiltrados. Sobre si haya la posibilidad de volver a interpretar a Bourne, todo depende de una serie de factores, pero ante todo de que el proyecto siga bajo el comando del director Paul Greengrass y el mismo equipo que ha venido realizando la historia.
Su esposa es argentina. ¿Qué tanto se ha compenetrado con la cultura latina?
Estamos criando a las niñas en un ambiente bilingüe porque es algo no solo cultural, sino necesario en este mundo global. Así que en casa mi esposa les habla solo en español y yo pues a mi edad va a ser difícil aprenderlo a hablar fluidamente, pero tengo planeado pasar un buen tiempo en Argentina para poder tener una buena inmersión en el idioma. En cuanto a cultura, creo que mi punto de impacto fue cuando vi con la familia de mi esposa los partidos del Mundial de Alemania 2006. La abuela de Luciana, una mujer de 80 años, vino de visita con otros familiares... nunca había visto una mujer de esa edad apuntando a la pantalla del televisor de esa forma y volviéndose como loca cada vez que el equipo contrario tenía el balón. Ahí fue cuando me di cuenta que me había casado con una familia latina.
Por Mario Amaya
En Los Ángeles