Febrero 3 de 2010

¿Cómo parar el desempleo?

La cifra de desocupados podría llegar este año al 14 por ciento y generaría una grave crisis social.

El año pasado no pudo terminar peor para los trabajadores colombianos: 2,4 millones de desocupados, que equivalen al 11,3 por ciento de la fuerza laboral; y 6,4 millones se consideran subempleados. Y como si ello fuera poco, en las 13 principales ciudades 58 de cada 100 figuran como informales en el trimestre septiembre-noviembre.

Todas las cifras reportadas por el DANE la semana pasada registraron aumentos, incluida la de los 19,1 millones de ocupados, que creció principalmente empujada por los llamados trabajadores por cuenta propia que, en su mayoría, y en buen romance, no son otros que los colombianos dedicados al duro oficio de rebuscarse la vida a como dé lugar.

Los datos, en realidad, no sorprendieron a nadie, pues ese comportamiento deteriorado del mercado laboral estaba cantado por los analistas, que no tuvieron que hacer un gran esfuerzo para anticipar las consecuencias en el empleo de la crisis mundial y del 'cuasi' colapso de las exportaciones colombianas a Venezuela por cuenta del cierre progresivo de la frontera, ordenada por el presidente Hugo Chávez.

La ocupación nacional, según la información oficial, tuvo un incremento anual de 8 por ciento en diciembre (1,4 millones más de ocupados), pero el desempleo aumentó el doble, por lo cual aparecieron 335.000 nuevos de-sempleados.

No es difícil entender que empleo y desempleo aumenten simultáneamente: a la vinculación normal de aproximadamente 350.000 colombianos al mercado de trabajo cada año se sumaron en 2009 los miembros del hogar que, obligados por la crisis, debieron abandonar las labores domésticas, el estudio o su descanso pensional para llevar ingresos a casa.

Es decir, más personas salieron a buscar una oportunidad laboral, lo que se refleja en la disminución de 1,2 millones del renglón de inactivos; no todas lograron el objetivo y quedaron en el más franco desempleo; otras, no muchas, consiguieron engancharse en condiciones de formalidad, y la mayoría se resignaron a labores de baja productividad, bajos ingresos e inclusive sin recibir una remuneración.

La información más desagregada del DANE para el último trimestre de 2009 permite observar mejor el de-sempeño del mercado laboral, sobre el que los entendidos en la materia no avizoran un mejoramiento a corto plazo; algunos analistas han estimado que la desocupación puede llegar fácilmente al 13-14 por ciento, lo que significa que se puede estar cebando una bomba social que, de no desactivarse rápidamente, puede explotar en cualquier momento.

Las cifras oficiales

Para el periodo octubre-diciembre, cuando la desocupación fue de 11,3 por ciento, 0,8 puntos por encima del registro de igual lapso de 2008, el empleo en el sector privado, que participa con más de la tercera parte de la ocupación total, aumentó un lánguido 2,2 por ciento. Allí laboraban 6,5 millones de colombianos.

El empleo en el sector público dio una reversa anual de 5,3 por ciento y bajó el número de trabajadores a 834.000. No obstante, el Gobierno Nacional, a través de voceros tan autorizados como el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Esteban Piedrahíta, y el alto consejero para la Política Anticíclica, Mateo Restrepo, ha afirmado que si no fuera por este hecho, la actividad económica sencillamente hubiera empeorado y, junto con esta, el empleo. En contraste con el comportamiento de ese tipo de empleo, que para algunos analistas es lo más cercano que se pudiera a una relación laboral formal, aparecen avasallantes categorías como la de los trabajadores sin remuneración, que tuvieron un aumento anual de 59,7 por ciento, hasta llegar a un poco más de un millón. No ganan ni un solo peso por su trabajo en negocios del hogar. Seis de cada 100 de estos colombianos trabajan gratis.

El servicio doméstico, en general mal remunerado y con cifras bajas de afiliación a la seguridad social, es una de las vías de escape para las amas de casa antes dedicadas a los oficios del hogar, lo mismo que pensionados que se le miden a trabajar como jardineros, 'toderos' y hasta conductores en casas de familia. Este grupo, que aglutina  a 714.000 personas, tuvo un crecimiento anual de 15,9 por ciento.

Los trabajadores por cuenta propia, nombre que da la equivocada sensación de una llamativa independencia laboral, son los reyes del rebusque y la informalidad. Cada día para ellos es una aventura y, como tal, plagada de incertidumbre respecto a la consecución de ingresos.

Ahí están los vendedores ambulantes de productos varios, los plomeros, los pintores de brocha gorda, los electricistas, el gerente-propietario y único dependiente de la tienda de su propiedad, los que manejan taxi, sea propio o ajeno, y los llamados calibradores, que son quienes les indican a los choferes del transporte público los minutos de diferencia que les lleva el competidor, entre otros.

Ellos son el 43,5 por ciento del total de ocupados, que equivale a 8,4 millones de trabajadores, y registraron un aumento de 15,1 por ciento en el último trimestre del año pasado frente al mismo lapso de 2008. A esas clasificaciones se suman la de los patronos y empleadores y la de los jornaleros o peones, que aumentaron 7,1 y 3,9 por ciento, respectivamente.

Las perspectivas laborales para este año no son nada halagüeñas, porque si bien han mejorado las estimaciones de crecimiento económico, esto no significa un enganche simultáneo de trabajadores.

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