Chávez insiste en reducir a cero el comercio con Colombia

"Deseamos comerciar, pero no a cualquier precio". Esta frase, tan contundente como sorprendente, hace parte de un enérgico discurso, pronunciado el pasado 4 de septiembre por Ronald Bakalarz, presidente de la Junta Directiva de Analdex, gremio de los exportadores, durante la instalación de su XXI Congreso Nacional.

En dicho discurso, Bakalarz se refirió al estado del comercio entre Colombia y Venezuela, y a las frecuentes amenazas del presidente Chávez, para quien las relaciones comerciales entre su país y Colombia constituyen uno de los principales blancos de ataque. En efecto, la amenaza de perjudicar dichas relaciones ha sido, ya por más de 4 años, el instrumento favorito del gobierno de Chávez para presionar a la sociedad civil colombiana.

Las fuertes palabras de Bakalarz llegaron precedidas por otras de su colega Luis Carlos Villegas, presidente de la ANDI, quien semanas atrás había afirmado que hay intereses nacionales que son superiores a los intereses del comercio. Al constatar que dos dirigentes gremiales de tanta importancia, y que además representan a las empresas que más gravemente sufrirían y han sufrido por una reducción del comercio con Venezuela, no puede haber duda de que estamos frente a un cambio radical de actitud en el empresariado colombiano. Un cambio de actitud que las circunstancias demandaban, y que por tanto llega en el momento más oportuno. Antes habría sido apresurado: un día más, y habría sido tardío.

En un artículo anterior (ver CAMBIO 839), habíamos advertido sobre lo que parecía ser, hasta ese momento, una cierta miopía de parte del empresariado colombiano en lo relativo a las relaciones con Venezuela: al parecer, muchos empresarios no habían comprendido plenamente la naturaleza y el origen de la crisis, y seguían concentrados en soluciones y en estrategias que, si bien no carecen de valor, apuntaban a aspectos que en realidad son secundarios, como por ejemplo la organización logística de las operaciones en Venezuela. Pero la crisis, preveníamos, tiene origen en una estrategia política.

Dicha estrategia tiene dos aspectos: el primero, y más amplio, es que la reducción del comercio con Colombia es una consecuencia de los planes económicos de Chávez, en parte porque en dichos planes se ha insistido en el autoabastecimiento.

El otro aspecto es el uso instrumental de la amenaza de afectar el comercio: a juzgar por sus discursos, Chávez se ha percatado del cuidado que el empresariado nacional brinda a las relaciones de comercio exterior. Y ha encontrado que una simple sugerencia de que se reducirán o se afectarán las relaciones comerciales produce, de inmediato, preocupaciones en la sociedad civil colombiana, las cuales pueden inducir al Gobierno a adoptar una actitud de apaciguamiento.

Súmese a eso la importancia cuantitativa que tiene para Colombia el comercio con Venezuela. Chávez parece haber visto, por tanto, que Colombia está dispuesta a ser un tanto más dócil, solo para evitar que el comercio se reduzca. Prueba de eso es que, en cada una de las crisis que se han desatado desde la captura de Rodrigo Granda, Chávez ha manifestado que la relación comercial tendría que sufrir.

La estrategia de Chávez llegó a extremos cuando ordenó a sus funcionarios reducir "a cero" el comercio con Colombia, orden descabellada que será imposible de cumplir, y en cuya ejecución quien más sufrirá es la población venezolana, ya afectada por frecuentes oleadas de desabastecimiento de productos básicos.

Hubo en el discurso de Bakalarz otras palabras dignas de interés. Entre estas, su caracterización de la estrategia venezolana como un chantaje, y muy especialmente su mensaje al presidente Uribe, a quien le pidió que tomara las decisiones que fuese necesario, sin preocuparse por el comercio.

Estas frases apuntan a la médula de la estrategia chavista: develan su carácter de manipulación, y desactivan el mecanismo que mantenía viva la táctica de Chávez, pues, de creer a Bakalarz, los empresarios comprenderán que hay circunstancias en las cuales el interés comercial deberá ceder. Siendo así las cosas, Chávez no podría ya contar con que sus amenazas producirán presiones inmediatas sobre el Gobierno Nacional. El empresariado colombiano estaría dando una lección de buen liderazgo en tiempos de crisis.

La cuestión interesante que ahora se abre es esta: ¿si el chantaje comercial ya no produce efectos, a qué tipo de estrategias recurrirá ahora el Gobierno de Venezuela? Una de ellas ya la estamos viendo: es la tentativa de penetración directa en la sociedad colombiana. Avisos en medios de prensa, funcionarios venezolanos que participan en actos políticos, reuniones con dirigentes colombianos, interés en adquisición de empresas, etc.

Nótese que dicha estrategia busca crear una ruptura en la sociedad colombiana; así quedó claro en el discurso ante la OEA del embajador venezolano Roy Chaderton, quien presentó a la sociedad colombiana como dividida entre una oligarquía antichavista, y una población que sería afecta al mensaje de Chávez. Y quedó claro, por supuesto, en las palabras del propio Chávez, quien ordenó a sus funcionarios hacer todo lo posible para que su mensaje se escuche en Colombia.

Por Andrés Mejía Vergnaud,
Instituto Libertad y Progreso.

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