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Para la economía los años setenta fueron difíciles y a una mujer le correspondió reanimar al Reino Unido. Hace 30 años, el 4 de mayo de 1979, Margaret Thatcher comenzó su mandato como primera ministra. Era la primera mujer en siglos de existir el puesto, pero la revolución que emprendió, y que se difundió en todo el mundo, tuvo más que ver con la economía que con su género.
En 1973, los árabes habían humillado a las grandes potencias económicas con el embargo petrolero, precipitado por la guerra del Yom Kippur, que trajo lo peor que le puede pasar a las economías: estancamiento y alzas de precios a la vez. La temida estanflación se hizo realidad en esta década y por fin quienes durante años señalaban al Estado como obstáculo para el avance económico, tuvieron un entorno propicio para que los escucharan, entre ellos Thatcher en el Reino Unido, y Ronald Reagan en EE.UU.
Desde la gran depresión de los años treinta, se venía consolidando y creciendo el Estado como protagonista de la economía. La exitosa receta de John Maynard Keynes se limitaba a recomendar que en los momentos de crisis el Estado saliera al rescate gastando más.
Pero de ahí, fácilmente se pasó a convertir el Estado en un importante banquero, dueño de aerolíneas, industrial y creador de puestos de trabajo. Pero además de jugar de tú a tú con la empresa privada, dictaba las normas y las hacía cumplir. Por eso no faltaron quienes lo vieron como obstáculo a la libre iniciativa, como los economistas austriacos Ludwig von Mises y Friedrich August von Hayek.
Con los humillantes problemas de los setenta, esta nueva ola de economistas comenzó a ser escuchada. Von Hayek ganó el Nobel de Economía en 1974 y dos años después lo hizo un colega de la Universidad de Chicago, Milton Friedman, quien, con su esposa Rose, abogó por el regreso al liberalismo económico, incluso con programa propio de televisión.
La 'Dama de Hierro'
En ese marco Thatcher llegó al poder con la firme convicción de reactivar la economía de su país y establecer al Reino Unido como potencia económica y política, bajo el libre mercado. Su ideología giró en torno a dos ejes: privatización y liberalización.
La forma de alcanzar sus objetivos la pusieron del lado de las tesis de Friedman: una política monetaria estricta, la reducción de la intervención del Estado en la economía, el equilibrio del presupuesto y la confianza en los mecanismos del mercado para decidir cómo se usan los recursos.
Sus detractores, sin embargo, advierten que su "revolución conservadora" destruyó comunidades enteras en las zonas industriales, mientras que sus adeptos han señalado que sus reformas macroeconómicas permitieron rescatar la economía británica.
Dentro de las medidas adoptadas por Thatcher están: reducción del tamaño del sector público, aumento en las tasas de interés para frenar la inflación; baja de los impuestos que estaban en niveles altos, recorte del gasto para alcanzar un equilibrio en el presupuesto, ola de privatizaciones de empresas estatales como la BP -British Petroleum y reducción de la influencia de los sindicatos en la economía, lo que generó una ola de despidos.
¿Suena familiar? Claro que sí. Para cualquier latinoamericano todo esto le debe sonar familiar... con excepción de aquello de 'bajar los impuestos'. Fueron los componentes de las reformas llamadas aquí 'neoliberales' durante los años noventa. Curioso, porque allá las bautizaron como 'neoconservadoras'.
La llegada de Thatcher al poder afianzó las tesis de Friedman y hay quienes aseguran que la 'Dama de Hierro' con su "revolución neoconservadora" rompió el consenso keynesiano. Pero no es del todo exacto. La doctrina de
Keynes ya había sido rota cuando se pasó de gastar más en momentos de crisis a gastar más siempre. De ahí surgió el llamado estado de bienestar y la nacionalización de las industrias.
Pero hoy, y ante la crisis económica que sacude al mundo y que arrancó por las economías más fuertes, se plantea si ha llegado la hora del fin al predominio del neoliberalismo. "Hay un movimiento hacia el centro, pero no va a ser un ataque frontal contra esas políticas", señala el decano de Economía de la Jorge Tadeo Lozano, Salomón Kalmanovitz.
Para él, hay debilitamiento de todas las políticas de extrema derecha, apoyadas por la derecha religiosa, pero no se ve una tendencia a acabar con esas políticas. "No se ve que la administración Obama vaya a hacer un fuerte ataque al sector financiero, o contra la globalización. En el equipo Obama hay influencia Clinton y el secretario de Hacienda es de la entraña de Wall Street", advierte.