Mayo 6 de 2009

Se cumplen 30 años del gobierno de Thatcher y de la imposición del neoliberalismo en el mundo

¿La llegada de Obama y la crisis financiera significan el fin de su hegemonía?

Para la economía los años setenta fueron difíciles y a una mujer le correspondió reanimar al Reino Unido. Hace 30 años, el 4 de mayo de 1979, Margaret Thatcher comenzó su mandato como primera ministra. Era la primera mujer en siglos de existir el puesto, pero  la revolución que emprendió, y que se difundió en todo el mundo, tuvo más que ver con la economía que con su género.

En 1973, los árabes habían humillado a las grandes potencias económicas con el embargo petrolero, precipitado por la guerra del Yom Kippur, que trajo lo peor que le puede pasar a las economías: estancamiento y alzas de precios a la vez. La temida estanflación se hizo realidad en esta década y por fin quienes durante años señalaban al Estado como obstáculo para el avance económico, tuvieron un entorno propicio para que los escucharan, entre ellos Thatcher en el Reino Unido, y Ronald Reagan en EE.UU. 

Desde la gran depresión de los años treinta, se venía consolidando y creciendo el Estado como protagonista de la economía. La exitosa receta de John Maynard Keynes se limitaba a recomendar que en los momentos de crisis el Estado saliera al rescate gastando más.

Pero de ahí, fácilmente se pasó a convertir el Estado en un importante banquero, dueño de aerolíneas, industrial y creador de puestos de trabajo. Pero además de jugar de tú a tú con la empresa privada, dictaba las normas y las hacía cumplir. Por eso no faltaron quienes lo vieron como obstáculo a la libre iniciativa, como los economistas austriacos Ludwig von Mises y Friedrich August von Hayek. 

Con los humillantes problemas de los setenta, esta nueva ola de economistas comenzó a ser escuchada. Von Hayek ganó el Nobel de Economía en 1974 y dos años después lo hizo un colega de la Universidad de Chicago, Milton Friedman, quien, con su esposa Rose, abogó por el regreso al liberalismo económico, incluso con programa propio de televisión. 

La 'Dama de Hierro'

En ese marco Thatcher llegó al poder con la firme convicción de reactivar la economía de su país y establecer al Reino Unido como potencia económica y política, bajo el libre mercado. Su ideología giró en torno a dos ejes: privatización y liberalización.

La forma de alcanzar sus objetivos la pusieron del lado de las tesis de Friedman: una política monetaria estricta, la reducción de la intervención del Estado en la economía, el equilibrio del presupuesto y la confianza en los mecanismos del mercado para decidir cómo se usan los recursos.

Sus detractores, sin embargo, advierten que su "revolución conservadora" destruyó comunidades enteras en las zonas industriales, mientras que sus adeptos han señalado que sus reformas macroeconómicas permitieron rescatar la economía británica. 

Dentro de las medidas adoptadas por Thatcher están: reducción del tamaño del sector público, aumento en las tasas de interés para frenar la inflación; baja de los impuestos que estaban en niveles altos, recorte del gasto para alcanzar un equilibrio en el presupuesto, ola de privatizaciones de empresas estatales como la BP -British Petroleum y reducción de la influencia de los sindicatos en la economía, lo que generó una ola de despidos.

¿Suena familiar? Claro que sí. Para cualquier latinoamericano todo esto le debe sonar familiar... con excepción de aquello de 'bajar los impuestos'. Fueron los componentes de las reformas llamadas aquí 'neoliberales' durante los años noventa. Curioso, porque allá las bautizaron como 'neoconservadoras'.

La llegada de Thatcher al poder afianzó las tesis de Friedman y hay quienes aseguran que la 'Dama de Hierro' con su "revolución neoconservadora" rompió el consenso keynesiano. Pero no es del todo exacto. La doctrina de
Keynes ya había sido rota cuando se pasó de gastar más en momentos de crisis a gastar más siempre. De ahí surgió el llamado estado de bienestar y la nacionalización de las industrias.

Pero hoy, y ante la crisis económica que sacude al mundo y que arrancó por las economías más fuertes, se plantea si ha llegado la hora del fin al predominio del neoliberalismo. "Hay un movimiento hacia el centro, pero no va a ser un ataque frontal contra esas políticas", señala el decano de Economía de la Jorge Tadeo Lozano, Salomón Kalmanovitz.

Para él, hay debilitamiento de todas las políticas de extrema derecha, apoyadas por la derecha religiosa, pero no se ve una tendencia a acabar con esas políticas. "No se ve que la administración Obama vaya a hacer un fuerte ataque al sector financiero, o contra la globalización. En el equipo Obama hay influencia Clinton y el secretario de Hacienda es de la entraña de Wall Street", advierte.

Por el contrario, hace unos meses el ex ministro y ex secretario ejecutivo de Cepal, José Antonio Ocampo, señalaba que creía en  que le llegó el final a los fundamentalistas del mercado. "De quienes piensan que los mercados se autorregulan, de aquellos que creen que los mercados corrigen sus propios errores", señaló en su momento y agregó que esto se lo tiene que imponer la sociedad. "Así ocurrió durante la crisis de los treinta".

La expansión neoliberal

Se podría decir que el gran aliado de la 'Dama de Hierro' fue el presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, quien fue elegido presidente en su país en noviembre de 1980, y al igual que para Thatcher, su gran preocupación era la reactivación de la economía y la reducción de la inflación. 

Se autocalificaba como un defensor del liberalismo económico, a favor de fuertes recortes fiscales y la reducción del Estado protector.

Durante su gobierno se redujeron los impuestos, lo que benefició fundamentalmente a los más ricos, y ajustó el gasto social. Pero aumentó el gasto militar lo que elevó los gastos totales, y sumado a la reducción de impuestos llevó a un déficit fiscal que casi duplicó la deuda total del país, la cual pasó de menos de un 40 por ciento del PIB a casi un 70 por ciento, que los gobiernos posteriores debieron corregir.

En todo caso, la filosofía económica de Reagan quedó resumida en cinco principios: rebaja de los impuestos, regulaciones del mercado, equilibrio en el gasto fiscal y la inflación, y privatización al máximo. Y el modelo se extendió también a América Latina y a otras partes del mundo.

La doctrina fue resumida por el profesor John Williamson en algo que llamó 'Consenso de Washington', un listado de políticas económicas que se consideraban por los organismos financieros internacionales y centros económicos con sede en Estados Unidos como el mejor programa económico que los países latinoamericanos debían aplicar para impulsar el crecimiento.

El recetario de recomendaciones iba desde disciplina fiscal, pasando por reordenamiento de las prioridades del gasto público y reformas tributarias, hasta liberalización de las tasas de interés.

Igualmente se establecía que se debía trabajar por una tasa de cambio competitiva, el libre comercio, la libre entrada de inversiones extranjeras directas, lógicamente privatizaciones y una desregularización del mercado.

¿Vuelve el keynesianismo?

Efectivamente América Latina aplicó las reformas y la década del 2000 iba de maravilla, con precios de las materias primas marcando el ritmo de un crecimiento no visto en muchos años. Pero en 2007 vino la crisis 'subprime', una versión ampliada de la crisis del Upac. Y un año después, todo el sector financiero padecía las consecuencias. En septiembre de 2008 vino la caída de entidades financieras en Estados Unidos como Lehman Brothers.La difícil situación también afectó a firmas como AIG, Fanny Mae y Freddy Mac, pero a diferencia de Lehman, el Gobierno de Estados Unidos salió al rescate. Igualmente, ha emitido paquetes de rescate para otras firmas y para el sector automotor. De ahí en adelante las diferentes economías del mundo han sufrido los rigores de la crisis y los países desarrollados están en recesión, lo que lógicamente ha incidido en las economías emergentes, las que también han implementado sus paquetes anticrisis.

Chile, por ejemplo, puso en marcha un paquete de medidas que se estima en 4.000 millones de dólares y que incluye, entre otras cosas, recursos para inversión adicionales a los que ya tenía estipulados en su presupuesto, reducción de impuestos y ayudas para las familias pobres. Esto lo puede hacer porque ahorró en momentos de bonanza y para gastar en las épocas de crisis como la actual.

Perú es otro ejemplo, y su paquete de ayudas lo estiman los expertos en 13.200 millones de dólares, en lo que se incluyen más recursos para impulsar la construcción y la vivienda, entre otros. México hizo lo propio, al igual que Argentina y Brasil. Y Colombia habla de la inversión en infraestructura de 55 billones de pesos con participación mayoritaria del sector privado, así como adelanto de recursos del 2010 para que las regiones gasten en vías terciarias y creen más puestos de trabajo.

Todas esas medidas contemplan, básicamente, más gasto, precisamente una de las políticas que Keynes defendía. Igualmente, un impulso a los programas de carácter social. Sin embargo, también combinan una reducción en las tarifas de los impuestos, al estilo de Thatcher, con la diferencia que esto se hace para empujar la demanda y el consumo.

Por eso hay quienes creen, como Kalmanovitz, que la extrema derecha simplemente se movió al centro, pero no se trata de un ataque frontal a las políticas neoliberales. "Obama se ha movido un poco hacia el centro, pero como va no pasará de ahí. Implica un movimiento en contra,  pero por lo menos en Estados Unidos no aparece con mucha fuerza", dice.

Uno de los ejemplos más recientes de cambio se evidencia en las decisiones de la reciente reunión del G-20. Una, en relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual emitió una nueva línea de crédito flexible para economías que muestren solidez, pero a las que no les exigirá cambios drásticos en sus manejos de la economía, contrario a lo que ocurría hasta hace unos meses. 

Aunque no hay que olvidar que los cambios drásticos ya se hicieron antes justamente como condición de respaldos anteriores del mismo FMI.

Los países del G-20 también acordaron la creación de un Consejo de Estabilidad Financiera que contará con poderes ampliados para, en cooperación con el FMI, alertar de los riesgos macroeconómicos y financieros y tomar las acciones necesarias para actuar contra ellos. 

Además, servirá para extender la regulación en los mercados y vigilar que los bancos no se endeuden en exceso y aumenten sus provisiones en momentos de bonanza.

Hay, pues, un regreso a cierto grado de regulación y a más gasto en medio de la crisis. Pero de ahí a ver a los Estados de nuevo fabricando carros, transportando gente en avión, promoviendo el comercio, en fin, compitiendo con los empresarios privados, hay mucho trecho. 

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