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Por el contrario, hace unos meses el ex ministro y ex secretario ejecutivo de Cepal, José Antonio Ocampo, señalaba que creía en que le llegó el final a los fundamentalistas del mercado. "De quienes piensan que los mercados se autorregulan, de aquellos que creen que los mercados corrigen sus propios errores", señaló en su momento y agregó que esto se lo tiene que imponer la sociedad. "Así ocurrió durante la crisis de los treinta".
La expansión neoliberal
Se podría decir que el gran aliado de la 'Dama de Hierro' fue el presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, quien fue elegido presidente en su país en noviembre de 1980, y al igual que para Thatcher, su gran preocupación era la reactivación de la economía y la reducción de la inflación.
Se autocalificaba como un defensor del liberalismo económico, a favor de fuertes recortes fiscales y la reducción del Estado protector.
Durante su gobierno se redujeron los impuestos, lo que benefició fundamentalmente a los más ricos, y ajustó el gasto social. Pero aumentó el gasto militar lo que elevó los gastos totales, y sumado a la reducción de impuestos llevó a un déficit fiscal que casi duplicó la deuda total del país, la cual pasó de menos de un 40 por ciento del PIB a casi un 70 por ciento, que los gobiernos posteriores debieron corregir.
En todo caso, la filosofía económica de Reagan quedó resumida en cinco principios: rebaja de los impuestos, regulaciones del mercado, equilibrio en el gasto fiscal y la inflación, y privatización al máximo. Y el modelo se extendió también a América Latina y a otras partes del mundo.
La doctrina fue resumida por el profesor John Williamson en algo que llamó 'Consenso de Washington', un listado de políticas económicas que se consideraban por los organismos financieros internacionales y centros económicos con sede en Estados Unidos como el mejor programa económico que los países latinoamericanos debían aplicar para impulsar el crecimiento.
El recetario de recomendaciones iba desde disciplina fiscal, pasando por reordenamiento de las prioridades del gasto público y reformas tributarias, hasta liberalización de las tasas de interés.
Igualmente se establecía que se debía trabajar por una tasa de cambio competitiva, el libre comercio, la libre entrada de inversiones extranjeras directas, lógicamente privatizaciones y una desregularización del mercado.
¿Vuelve el keynesianismo?
Efectivamente América Latina aplicó las reformas y la década del 2000 iba de maravilla, con precios de las materias primas marcando el ritmo de un crecimiento no visto en muchos años. Pero en 2007 vino la crisis 'subprime', una versión ampliada de la crisis del Upac. Y un año después, todo el sector financiero padecía las consecuencias. En septiembre de 2008 vino la caída de entidades financieras en Estados Unidos como Lehman Brothers.La difícil situación también afectó a firmas como AIG, Fanny Mae y Freddy Mac, pero a diferencia de Lehman, el Gobierno de Estados Unidos salió al rescate. Igualmente, ha emitido paquetes de rescate para otras firmas y para el sector automotor. De ahí en adelante las diferentes economías del mundo han sufrido los rigores de la crisis y los países desarrollados están en recesión, lo que lógicamente ha incidido en las economías emergentes, las que también han implementado sus paquetes anticrisis.
Chile, por ejemplo, puso en marcha un paquete de medidas que se estima en 4.000 millones de dólares y que incluye, entre otras cosas, recursos para inversión adicionales a los que ya tenía estipulados en su presupuesto, reducción de impuestos y ayudas para las familias pobres. Esto lo puede hacer porque ahorró en momentos de bonanza y para gastar en las épocas de crisis como la actual.
Perú es otro ejemplo, y su paquete de ayudas lo estiman los expertos en 13.200 millones de dólares, en lo que se incluyen más recursos para impulsar la construcción y la vivienda, entre otros. México hizo lo propio, al igual que Argentina y Brasil. Y Colombia habla de la inversión en infraestructura de 55 billones de pesos con participación mayoritaria del sector privado, así como adelanto de recursos del 2010 para que las regiones gasten en vías terciarias y creen más puestos de trabajo.
Todas esas medidas contemplan, básicamente, más gasto, precisamente una de las políticas que Keynes defendía. Igualmente, un impulso a los programas de carácter social. Sin embargo, también combinan una reducción en las tarifas de los impuestos, al estilo de Thatcher, con la diferencia que esto se hace para empujar la demanda y el consumo.