Sube el tono del debate del etanol

Los productores de etanol han contado con el respaldo del Gobierno al promover el consumo del producto. Foto: Archivo Cambio

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El ministro de Minas y Energía, Hernán Martínez, aún no sale de su asombro por lo que denominó una 'dramática reacción' de los importadores de automóviles sobre el decreto que ordena que a partir de 2012 los motores de los vehículos que se vendan en Colombia deberán contar con tecnología para soportar una mezcla del 85 por ciento de etanol y 15 por ciento de gasolina.

Pero al mismo tiempo, reconoce que se le olvidó el detalle de avisarle oportunamente a su colega de gabinete, Andrés Fernández, que había decidido cambiar la fórmula para fijar los precios del etanol, lo que hubiera evitado un enfrentamiento con el jefe de la cartera de Agricultura, quien salió a criticar públicamente la medida porque  'se lo pasaron por la faja' en un tema en el que su cartera ha sido protagonista de primer nivel.

Mientras tanto, continúa subiendo el tono de las críticas de quienes se oponen a la medida, como la del ex codirector del Banco de la República Salomón Kalmanovitz, quien sostiene que el negocio del etanol beneficia a unos pocos productores de azúcar gracias a la cantidad de gabelas tributarias y fiscales que ofrece esta nueva actividad, sin que ello se irrigue a toda la sociedad.

Los anteriores son apenas unas muestras de las garroteras que ha suscitado el naciente negocio del etanol, el cual despierta amores y odios entre economistas, académicos y usuarios, pues aún no es claro para el grueso de la población el beneficio de esta fuente de energía alterna que hoy se mezcla en 10 por ciento con la gasolina.

Industriales y consumidores

El ministro Martínez resume el parangón en que se encuentra: "Mire, en estos momentos tengo dos sombreros, uno es el de los consumidores a los cuales tengo que defender y el otro es el de los industriales a los que tengo que promover".

Lo cierto es que la apertura de Colombia hacia el negocio de los biocombustibles se ha convertido en el comienzo de un debate que va para largo, como ha sucedido en otras latitudes donde se optó por mezclar alcohol carburante con gasolina por razones de economía, escasez de petróleo, réditos ambientales y como un generador de empleo rural.

El primer choque tiene que ver con la fijación del precio, pues a todas luces es otro lastre que se echa al hombro el Gobierno, luego de la polémica desatada por el encarecimiento de la gasolina y el Acpm pese a la descolgada de las cotizaciones del petróleo.

De un momento a otro se decidió cambiar la fórmula para remunerar el etanol ya que se había convertido en un peligroso taxímetro que estaba llevando a encarecerlo más que la misma gasolina. Todo ello porque se estaba tomando como referencia el precio del azúcar refinado y no el del crudo, a la hora de remunerar al productor.

La medida no cayó bien en el sector azucarero, que públicamente expresó su oposición y advirtió que el desarrollo de la industria y la puesta a andar de nuevos proyectos quedaba en el aire porque no iba a ser rentable la producción del alcohol, el cual hoy solamente se destila en cinco plantas que tiene el país, que producen 1,05 millones de litros diarios.

"Bajo los parámetros iniciales, la industria invirtió 200 millones de dólares que hoy están en peligro, por una medida de corte político que desestabiliza a la economía vallecaucana, en aspectos de confianza, empleo, inversión y ahorro", dice Rodrigo Velasco Lloreda, gerente de la Andi del Valle del Cauca.

Pero el ministro Martínez advierte que de no haberse modificado la fórmula, tan solo en abril los consumidores habrían tenido que pagar un sobrecosto de 12.000 millones de pesos por cuenta del mayor precio del etanol, que se encareció 71 por ciento en menos de un año. "A mí me da mucha pena pero tener un etanol más caro que la gasolina no tiene sentido", explicó.

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