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En menos de 48 horas, el Gobierno se echó para atrás en dos temas que había descartado, pero que son importantes para paliar la crisis. Por un lado, pidió un millonario cupo al Fondo Monetario Internacional (FMI) que puede utilizar en caso de que se reduzca el ingreso de dólares al país, y de otra parte, dio un alivio al aparato productivo y a los consumidores con una baja de 400 pesos en el galón de gasolina.
El préstamo de 10.400 millones de dólares, se resume en la historia de un 'no' que pasó a ser un 'tal vez' y finalmente un 'sí', que todos aplaudieron.
Después de varias semanas insistiendo en que el tema no estaba contemplado, el ministro de Hacienda y Crédito Público, Óscar Iván Zuluaga, y el gerente del Banco de la República, José Darío Uribe, anunciaron que habían solicitado acogerse a la más reciente línea de crédito flexible que abrió el FMI, con la cual el Gobierno tiene la facultad de decidir si hace uso de los recursos.
El Ministro de Hacienda dijo que la idea es no desembolsarlos, pero explicó que entre las situaciones que se consideran 'extremas' están el cierre del mercado de capitales para países emergentes y el agotamiento de los flujos de inversión extranjera y en general de capitales para el país, lo cual no es otra cosa que una escasez de dólares.
En ese caso, se podría acceder a la línea para fortalecer el nivel de reservas y así garantizar la liquidez, el financiamiento de la economía y, por supuesto, la estabilidad en la tasa de cambio.
Zuluaga aclaró que no se utilizarán para financiar ordinariamente al Gobierno, pues entran al Banco de la República en calidad de reservas internacionales, y cuando se necesite inyectar recursos a la economía, lo hará por medio de la venta de dólares. "Con ello, se tiene la tranquilidad de haber asegurado recursos para proteger la balanza de pagos, que es la finalidad principal de estos préstamos", sostuvo.
Precisamente, la cuenta corriente de la balanza de pagos está desequilibrada. El año pasado, el déficit en la cuenta corriente alcanzó los 6.761 millones de dólares, suma que equivale a 2,8 por ciento del PIB. Frente a 2007, el desequilibrio aumentó 924 millones de dólares. Eso significa que por comercio de bienes y servicios, y por las utilidades que giran las empresas, así como las transferencias de divisas, es más el dinero que se va que el que entra al país.
Lo cierto es que, a diferencia de la polémica que se desata cada vez que el Gobierno decide cambiar de opinión, y más cuando en este caso podría interpretarse que el Gobierno está viendo un panorama oscuro, nadie vio con malos ojos esta decisión. Al contrario, los analistas esperaban que esto pasara.
El ex ministro Juan Camilo Restrepo dijo que el acudir al FMI era algo que debía hacerse y lamentó lo que calificó de 'ingenuidad' de quienes afirmaban que la economía colombiana estaba blindada contra una crisis que tiene sumida al 65 por ciento de las naciones del mundo con crecimientos negativos.
El director de Fedesarrollo, Roberto Steiner, quien ya había señalado que Colombia debería analizar esta alternativa, señaló que esta solicitud es una actitud muy prudente por parte del Gobierno, pues al tratarse de una línea del Fondo exclusiva para países bien manejados, es un respaldo del FMI al país.
El decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, considera que esta solicitud al Fondo Monetario hace parte de una estrategia para conseguir acceso fácil a más recursos de otras entidades multilaterales. "El Gobierno prevé un hueco en sus ingresos, en parte porque los recaudos van a ser mucho menores en los próximos meses y, por eso, si sabe que conseguir recursos afuera no es tan fácil y que las multilaterales son la salida, quiere llegar de primero a las ventanillas de estas entidades".