¿Está cesando la horrible noche?

El Citigroup, hasta hace poco llamado "un muerto que camina", fue uno de los bancos que presentó ganancias en el primer trimestre del año. Foto: AP

Hace tan solo un par de semanas, el presidente Barack Obama pronunció un discurso en la Universidad de Georgetown en el cual anunció que ya estaba percibiendo señales de recuperación de la economía. "Se ven signos de progreso económico", dijo. Casi de manera simultánea, Ben Bernanke, el brillante académico que preside la Reserva Federal, aseguró también que había indicios de mejoría. Al parecer, este optimismo es contagioso: como quien espera el fin de una noche negra, y se exalta de alegría al ver los primeros y tímidos asomos de la luz solar, muchos ven en el flujo de noticias indicadores claros de que lo peor ha pasado ya, y de que el amanecer está cerca.

Y alimento no le falta a este optimismo. El Bank of America y el Citigroup, dos bancos que incluso fueron descritos como "muertos que caminan", reportaron ganancias en el primer trimestre del año. Para los optimistas, esto indica una resurrección: tal vez ni siquiera sea ya necesario llegar a la drástica opción de nacionalizar los bancos. Citigroup y Bank of America fueron, de cierto modo, un crudo símbolo de la crisis, y si su situación ha empezado a mejorar, los optimistas no dudan de que es el anuncio de una situación para la cual no faltan metáforas: "luz al final del túnel", "llegada del amanecer", "cesó la horrible noche"...

Ahora bien, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿cómo se ven esas noticias a la luz de una actitud crítica, es decir, de una actitud que no esté predispuesta al optimismo? Esa actitud crítica comenzaría con una simple observación: hoy algunos nos dicen que la economía del mundo se está recuperando, pero no hace mucho, hace tan solo unos pocos meses, todas las voces advertían que debíamos prepararnos para uno de los peores desastres económicos de la historia reciente. En innumerables ocasiones oímos decir que la única experiencia similar a esta crisis era la de la Gran Depresión, aquella larga y dolorosa crisis que lanzó a la calle a millones de personas en los países industrializados.

De hecho, el tema de la Gran Depresión se volvió moda intelectual y los libros que se refieren a ella han resucitado como best-sellers. Vimos caer en la bancarrota a naciones enteras, como sucedió con Islandia. Se ha hablado de la posible desaparición de compañías que simbolizaban el capitalismo empresarial, como General Motors y el propio Citigroup. Incluso llegó a mencionarse el fin del capitalismo, o la fundación de un nuevo capitalismo, para usar la expresión del presidente de Francia Nicolás Sarkozy. Ante semejante panorama que, cabe repetir, es muy reciente, es justo poner en duda la afirmación según la cual ya hay señales de recuperación.

Panorama aún crítico

En rigor, no hay elementos que permitan predecir con certeza cuánto durará esta crisis y cuál será su forma. Algunos piensan -los más optimistas- que su forma será la de una "V", es decir, una caída fuerte seguida por una rápida recuperación. Otros, menos eufóricos, creen que puede asemejarse a una "L": una caída fuerte de la cual la economía tarda muchos años en recuperarse. El arquetipo de esta clase de crisis es el Japón de los años noventa, cuyo antecedente de deflación -que causa pérdida de valor de los activos de la economía- es visto con pánico por los expertos. Pero también posible, claro está, que la crisis tenga la forma de una "W", es decir, una sucesión de caídas y ascensos.

Por ahora, lo único que puede decirse con certeza es que no hay razones para un optimismo desbordado. Las proyecciones sobre el crecimiento de las grandes economías siguen siendo negativas. La revista The Economist, que reúne datos de diversos analistas, prevé para este año contracción del producto en Estados Unidos (-2,7), Japón (-6,5), Alemania (-4,3) y Francia (-2,7), con una recuperación débil en 2010. Las proyecciones de desempleo son también preocupantes, en particular en España (15,5). Estados Unidos sigue mostrando una desaceleración interna del consumo, que se manifiesta en la caída persistente de las ventas del comercio. Y es posible que aún tengamos que escuchar malas noticias de Europa, donde los indicadores bancarios son preocupantes, y se presenta la paradójica circunstancia de una unión monetaria en la cual, sin embargo, resulta difícil -tal vez imposible- coordinar las reacciones que cada gobierno nacional tiene ante la crisis.

Queda entonces el optimista aferrado únicamente a la noticia de las utilidades de Citigroup y Bank of America. Pero su actitud no la comparten ni los inversionistas ni los analistas de los mercados. Los mercados reaccionaron ante la noticia con fuertes caídas, lo cual, según esos analistas, es signo de que la noticia no refleja una tendencia seria y sostenible, sino un hecho apenas accidental. En verdad, han señalado que la causa de esas ganancias no es una mejoría sistemática en el negocio bancario, sino más bien una especie de casualidad ocasionada por ciertas reglas contables y por el resultado de algunos negocios de adquisición.

Detrás de esa ilusión pasajera de la mejora de la economía, están los indicadores medulares del negocio bancario -como la cartera en mora-, que siguen presentando deterioro. Tanto, que los defensores de la nacionalización bancaria siguen insistiendo en que no habrá otra alternativa o que, en caso de haberla, constituiría una gigantesca carga para los contribuyentes, y sus resultados serían inciertos.

Por Andrés Mejía Vergnaud,
investigador del ILP.

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