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¿Y lo social?
No obstante, más allá de los debates sobre el optimismo desbordado del Gobierno se encuentran las preocupaciones sobre los choques que los hogares, en especial los más vulnerables, sufrirán por la desaceleración. La vía más expedita por donde los colombianos del común experimentarán la crisis en carne propia es el desempleo. Según el Dane en febrero el número de desocupados superó los dos millones y medio de colombianos y se calculan en medio millón los puestos de trabajo perdidos durante el 2008. La política del Ejecutivo gira en torno a la ampliación de los programas sociales actuales como Familias en Acción (tres millones de beneficiarios), medio millón de microcréditos de Banca de Oportunidades y 250 mil nuevos cupos en educación técnica y tecnológica en el Sena.
Se dan por descontados fuertes efectos de la crisis en materia social. Así lo alertó el Banco de la República en el informe al Congreso que entregó el lunes pasado. Organismos internacionales como el BID y el Banco Mundial también han expresado su alarma ante lo inevitable: que la recesión económica global hunda nuevamente en la pobreza a las millones de personas que lograron, en la pasada bonanza, salir de ella. Por esta razón, no deja de sorprender que instancias como la Comisión de Concertación Laboral, conformada por empresarios, Gobierno y sindicatos, no genera rápidamente iniciativas conjuntas para proteger el empleo y disminuir la desocupación.
El efecto político
Según los observadores todo parece indicar que la economía colombiana podría estar a las puertas de una recesión: al decrecimiento del cuarto trimestre de 2008 se sumaría otro crecimiento consecutivo en el primer trimestre de 2009. La gravedad de la situación no se compadece con la agenda de prioridades del mundo político. El Gobierno anda enfrascado en la discusión del referendo reeleccionista en el Senado y del proyecto de penalización de la dosis personal de droga. A todas luces, un portafolio inadecuado para un Ejecutivo en medio de la crisis económica más dura que el mundo ha experimentado desde la Segunda Guerra Mundial.
A esto se le suma la entrada al año electoral de 2010 en medio de la incertidumbre de la candidatura del presidente Álvaro Uribe y las limitaciones a las inversiones regionales para evitar desvíos a las campañas parlamentarias. Si se tiene en cuenta que, según la más reciente entrega de la encuesta Gallup, la mayoría de los colombianos considera la economía como el principal problema y raja la gestión del primer mandatario en los temas económicos y sociales, no sorprendería que un coletazo suficientemente fuerte a los hogares podría producir resultados políticos inesperados en las elecciones del año entrante.