El año que está a punto de terminar pasará a la historia como uno de los más agitados

(Página 1 de 2)

Pocos años habían sido tan movidos e impredecibles para la economía colombiana como el que está terminando. Cuando se conocieron las cifras económicas de 2007, que arrojaron un crecimiento de 7,7 por ciento, para nadie era un secreto que ese ritmo no se podía mantener en 2008. Pero lo que no estaba entre las cuentas, ni del Gobierno ni de los analistas ni de los empresarios, era que la frenada iba a ser tan fuerte.

Precisamente, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en el primer semestre de este año, se redujo a la mitad (4 por ciento) y al cierre de esta edición estaba pendiente de conocerse el dato del tercer trimestre, pero las proyecciones mencionaban como máximo 3 por ciento.

Desde principios de año, comenzaron a prenderse las alarmas en la producción industrial, el consumo, la construcción y el comercio. En ese momento, comenzó a pensarse que el enfriamiento de la economía no iba a ser tan suave como se preveía, pues estas actividades no solo crecían a menor ritmo, sino que conforme avanzaba el año, mostraban resultados negativos.

Al empleo no le fue mejor. Mientras que en 2007 la tasa de desocupación estaba a punto de ser de un solo dígito, a octubre de este año subió a 11 por ciento y se estima que en 2009 siga al alza y se acerque al 13 por ciento.

De por sí, esta situación ya es preo-cupante, pero hubo otro ingrediente que terminó de complicar el panorama. Los precios al consumidor comenzaron a crecer a niveles que nadie se esperaba, al punto que la situación se le salió de las manos al Banco de la República, que tiene como mandato controlar la inflación.

Es así como a noviembre, este indicador ascendía a 7,2 por ciento, frente a una meta que estaba entre 3,5 y 4,5 por ciento. Solo los alimentos completaban un alza de 14,7 por ciento en el año.

Uno de los elementos que incidió en esta situación, fueron los precios del petróleo, que tocaron máximos históricos y que pocos pronosticaron. El 3 de julio de 2008 el barril de petróleo WTI alcanzó un precio de 145,29 dólares en la Bolsa de Nueva York.

Esta situación era música para los oídos de las petroleras, que vieron cómo sus ganancias crecían como espuma. Por ejemplo, las utilidades de Ecopetrol, en el caso de Colombia, se han más que duplicado frente a 2007 y ya superan los 10 billones de pesos.

Pero para el consumidor de a pie, cada centavo que aumentaba el barril era una mala noticia. Por el alza en el crudo, subía la gasolina, los transportes, los alimentos y todo tipo de productos derivados y relacionados con el petróleo.

Sin embargo, la situación se dio la vuelta y el precio del barril comenzó a rodar hacia abajo y a romper todas las barreras, tanto así que terminó la semana del 19 de diciembre en 33 dólares.

En medio de ese escenario, al Banco de la República le tocó la peor parte, pues recibió palo de todos los calibres por parte de los empresarios, los gremios e incluso hasta el Gobierno, quienes cada mes clamaban por una baja en los intereses. Todos culpaban al Emisor de no controlar la inflación, frenar el desempeño de la economía y, como si fuera poco, de la revaluación del peso frente al dólar.

La divisa estuvo cerca de los 1.600 pesos en junio, lo cual generó quejas de diferentes sectores de la economía, particularmente de los exportadores, al señalar que una tasa de cambio en esos niveles afectaba seriamente sus ingresos y, por ende, la generación de empleo.

El desplome de las 'pirámides'

En el segundo semestre del año, la situación se terminó de enredar. El 15 de septiembre empezó a sentirse con fuerza la mayor crisis financiera en la historia. El desplome de entidades de grandes dimensiones en el mundo mandó al piso a los mercados, incluyendo al colombiano, que apenas estaba intentando tomar fuerza después de la eliminación del control al ingreso de capital extranjero para este tipo de inversiones.

Las acciones, el dólar, la deuda pública y otro tipo de activos financieros, no dejaban de dar vueltas en una montaña rusa y por eso, los títulos de las compañías inscritas en la bolsa perdieron buena parte de su valor y el dólar volvió a treparse en la medida en que inversionistas huían de los países emergentes en busca de seguridad.

Aunque la situación no fue fácil, la realidad es que a Colombia le fue mucho mejor que a otros en la región, y aquí la torta volvió a voltearse. El Banco de la República fue reconocido como el héroe por sus críticos, pues si no hubiera actuado como lo hizo, los efectos de la crisis en la economía colombiana serían peores.

Cuando apenas se estaba decantando la volatilidad internacional, vino lo peor: el derrumbe de las captadoras ilegales de dinero, más conocidas como las pirámides, con lo cual cientos de miles de personas perdieron sus 'inversiones', que provenían de sus ahorros e incluso de activos importantes como casas, fincas, animales y otros bienes.

Página 1 de 2 12Siguiente »

Anuncios Google

Publicidad