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El escándalo de las 'pirámides' ha hecho que los ojos de la opinión pública se dirijan hacia los bancos. Aunque estrictamente no tienen nada que ver, y de hecho son los principales enemigos de la competencia desleal que les hacen los mecanismos informales -e ilegales- de captación de dinero, no han faltado quienes los señalen como culpables. El argumento es que las 'pirámides' les ofrecen recursos y rentabilidades a los pobres que los bancos no están dispuestos a prestar.
Los bancos reciben críticas constantes de sus clientes. "La verdad es que debería existir una mayor querencia por la banca", le dijo Néstor Humberto Martínez, ex superintendente bancario, a María Isabel Rueda en El Tiempo. Y con la crisis actual, que al fin y al cabo tiene que ver con dinero, desfalco y ahorros esfumados, el aguacero de cuestionamientos se ha incrementado.
Paradójicamente, las escenas frente a las oficinas de DMG y otras 'pirámides', típicas de un verdadero pánico financiero, en Colombia nunca se han presentado con la banca tradicional. El sistema financiero, de hecho, hace alarde de la seguridad que ofrece a sus clientes. Lo cual se debe, al menos en parte, a la estricta regulación y al control que ejerce el Estado sobre ese sector, considerado uno de los más rentables en todas las economías del mundo.
En la crisis de 1999, varias instituciones se desplomaron pero el ahorro del público no se esfumó. Además de la regulación existente, con normas muy rigurosas en cuanto a la solvencia del sector se refiere, en Colombia opera un seguro de depósitos que maneja el Fondo de Garantías de Instituciones Financieras (Fogafín) que responde hasta por 20 millones de pesos, con un deducible de 5 millones. Además del respaldo normativo, la banca colombiana presenta un número bajo de fallas en sus transacciones, que se refleja en los pocos reclamos del público en comparación con las operaciones diarias del sector. Según la Asociación Bancaria, en Colombia se presentan solo 16,7 quejas por el tema de seguridad por cada millón de transacciones realizadas.
Lo anterior no se compara con el riesgo de perder de un tajo todos los ahorros con los captadores ilegales, que atraen a sus clientes con ganancias extremas y veloces. El hecho es que, en el mundo de las 'pirámides', la fiesta del dinero fácil se armó con un criterio que va en contravía de la lógica financiera: altísima rentabilidad a costa de ninguna seguridad.
Bancos, señalados
A pesar de lo anterior, la banca figura en la larga lista de culpables que se han buscado para la crisis de las 'pirámides', junto al Gobierno que no actuó, la Justicia que avanzó lenta, los ahorradores que se arriesgaron y no escucharon las advertencias, y hasta los medios de comunicación.
Pero ¿qué tan serias o reales son las críticas? ¿Es muy baja la rentabilidad del ahorro en la banca colombiana? ¿Abusan las instituciones financieras en el cobro de los servicios? ¿Son ineficientes y tienen atraso tecnológico?
Un hecho real es que las tasas de interés de la banca para algunos depósitos del público en Colombia -especialmente las cuentas de ahorro- no pagan ni siquiera la inflación que ronda el 8 por ciento en 12 meses y que el costo del crédito resulta muy elevado para el común de los deudores. Esto se presenta especialmente en las modalidades de consumo y microcrédito, cuyas tasas rondan el 31 y el 34 por ciento anual, respectivamente.
A esto se suma el hecho de que las entidades financieras realizan cobros exagerados en el manejo de las tarjetas de crédito y las operaciones que se hacen en los cajeros automáticos y hasta por Internet.
Por ejemplo, el Banco de Bogotá cobra una cuota de 39.500 pesos trimestrales por el manejo de una tarjeta de crédito clásica, Bancolombia, 36.000 pesos y el Citibank, 44.000 pesos. Y en el manejo de las tarjetas débito de cuenta de ahorros las tarifas mensuales son de 7.500; 7.300 y 7.000 pesos, respectivamente. Tarifas similares cobran las demás instituciones bancarias.