Con el aumento de la tasa de interés a 10 por ciento, el Banco de la República dejó claro que su foco es el control de la inflación, en momentos en que se enfría la economía.
Cada vez que se acerca una reunión de Junta Directiva del Banco de la República, la economía en general siente dolor de cabeza, pues sea cual sea la decisión sobre las tasas, siempre hay un costo. A diferencia de otras ocasiones, el viernes 25 la disyuntiva fue mayor. Sobre la mesa estaban dos elementos de análisis poco halagadores. Por un lado, los precios al consumidor estaban más disparados. En los últimos 12 meses a junio, la inflación subió a 7,18 por ciento y, en lo corrido del año, el índice se ubica en 6,02 por ciento, muy por encima de la meta del Emisor, que es de máximo 4,5 por ciento anual.
A esto se sumó el enfriamiento de la economía, que comienza a golpear sectores claves de la producción, pues en el primer trimestre del año el Producto Interno Bruto (PIB) creció 4,1 por ciento, luego de que en el 2007 se alcanzó la cifra récord de 8,2 por ciento para todo el año.
Ante ese panorama, muchos esperaban que las tasas continuaran quietas en 9,75, por lo menos un mes más, empezando por los industriales, que llevan meses rogando por un alivio en el costo de sus créditos en momentos de turbulencia. Pero eso no pasó. El gerente del banco José Darío Uribe, anunció el viernes que, por segunda vez en el año, la Junta Directiva aumentó en 25 puntos básicos los tipos de interés, a 10 por ciento.
Las reacciones se hicieron esperar. Mientras que muchos empresarios lamentaban la decisión, el presidente Álvaro Uribe Vélez, salió a reclamar por el impacto de la medida en el crecimiento. "El Banrepública debe ponerle atento oído a la preocupación del pueblo colombiano, que empieza a ver un frenón preocupante de la economía, (...) del consumo y que anticipa una disminución preocupante de la oferta, lo cual puede generar más inflación", dijo el mandatario.
Con todo, una cosa queda clara: la independencia del Banrepública, que a pesar de las presiones optó por atacar el aumento del costo de vida, como le ordena la Constitución.
La decisión del Banco fue respalda- da por el ex presidente César Gaviria, quien cuestionó la forma como el Presidente la emprendió contra el Emisor. "¿Quién va a asumir la responsabilidad si la inflación se desborda más de lo que está? ¿Será que el Presidente va a decir yo soy el responsable?".
Gaviria también dijo que el Banco toma decisiones por el bien de la economía y no para ser popular.
Decisión correcta
El Gobierno y los industriales han insistido en que el Emisor no puede controlar elementos externos que causan la inflación, como el costo de los combustibles y de bienes básicos que se encarecen en todo el mundo.
Sin embargo, el Banco sostiene que los demás elementos que inciden en los precios también están en niveles superiores a lo esperado. Además, en repetidas ocasiones el gerente del Emisor ha defendido el aumento de tasas como mecanismo para contener la inflación, indicando que el incremento en los precios afecta principalmente a los estratos bajos de la población.
En cuanto a lo que ocurre con el PIB, el Banco atribuye una parte de la desaceleración a la caída en el sector de la construcción, particularmente las obras civiles y a la huelga en Cerro Matoso. Incluso, el enfriamiento de la economía también sirvió como justificación del aumento de las tasas.
En el comunicado del viernes, el Banrepública dejó entrever que está matando dos pájaros de un solo tiro, pues insiste en que los precios también son culpables del menor crecimiento porque reducen la capacidad adquisitiva y aumentan los costos de producción de las empresas. "Una inflación baja y estable contribuye a maximizar el crecimiento de la economía en el largo plazo", dijo.
Pese a las críticas, los analistas consideran que la medida es conveniente. El presidente de Anif, Sergio Clavijo, indica que se esperaba esta actuación en la medida en que las expectativas de inflación se han deteriorado, incluso en áreas diferentes a los alimentos. El directivo asegura que "el Banco no puede cruzarse de brazos a ver si la inflación baja sola. Tiene que intervenir".
Para el decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, "es mucho más costoso dejar que los precios se salgan de su cauce e indica que esta decisión es adecuada para prevenir que cuando llegue la negociación del salario mínimo, se empiece a hablar de un aumento de dos dígitos, por citar un ejemplo".
En cuanto al impacto en el crecimiento, Clavijo dice que hay una razón de peso para pensar que las tasas no tienen la culpa del enfriamiento. "En los últimos años la economía estaba creciendo a más del 5 por ciento y eso no podía seguir así, porque el potencial del país está más cerca de crecer al cinco y no al ocho por ciento".
Mientras tanto, Gaviria indica que esta disyuntiva entre crecimiento e inflación ha sido resuelta de forma similar por otros bancos centrales de la región.
De todas formas, nada hace pensar que la situación va a cambiar en el corto plazo. Por factores externos, ni los precios van a ceder, ni la economía se va a fortalecer. Por eso, haga lo que haga, el Emisor siempre estará en el ojo del huracán.
PROYECCIONES EN PICADA
No es la primera vez que se espera que la economía crezca menos. Lo que sucede es que nadie esperaba que el golpe fuera tan fuerte. Luego del 8 por ciento de 2007, los expertos esperaban un crecimiento entre cinco y seis por ciento en promedio para este año. Pero, cuando el Dane informó que en el primer trimestre el PIB aumentó apenas 4,1 por ciento, las esperanzas se fueron al piso. Hasta el mismo Banrepública redujo su proyección, a un rango entre 3,3 y 5,3 por ciento. Por su parte, Anif espera que el crecimiento este año esté entre 4,5 y 5 por ciento.