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Pese a las críticas, los analistas consideran que la medida es conveniente. El presidente de Anif, Sergio Clavijo, indica que se esperaba esta actuación en la medida en que las expectativas de inflación se han deteriorado, incluso en áreas diferentes a los alimentos. El directivo asegura que "el Banco no puede cruzarse de brazos a ver si la inflación baja sola. Tiene que intervenir".
Para el decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, "es mucho más costoso dejar que los precios se salgan de su cauce e indica que esta decisión es adecuada para prevenir que cuando llegue la negociación del salario mínimo, se empiece a hablar de un aumento de dos dígitos, por citar un ejemplo".
En cuanto al impacto en el crecimiento, Clavijo dice que hay una razón de peso para pensar que las tasas no tienen la culpa del enfriamiento. "En los últimos años la economía estaba creciendo a más del 5 por ciento y eso no podía seguir así, porque el potencial del país está más cerca de crecer al cinco y no al ocho por ciento".
Mientras tanto, Gaviria indica que esta disyuntiva entre crecimiento e inflación ha sido resuelta de forma similar por otros bancos centrales de la región.
De todas formas, nada hace pensar que la situación va a cambiar en el corto plazo. Por factores externos, ni los precios van a ceder, ni la economía se va a fortalecer. Por eso, haga lo que haga, el Emisor siempre estará en el ojo del huracán.
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