Julio 16 de 2008

La salvación de Coltejer

Después de haber sufrido una profunda crisis, la emblemática compañía, saneada, vuelve a la Bolsa.

TRAS LA NEGOCIACIÓN que permitió a Coltejer quitarse las obligaciones laborales, que en el pasado se habían negociado con los trabajadores, y pasar a manos de la mexicana Kaltex, solo faltaba un detalle en la nueva vida de la centenaria textilera colombiana. Y ese detalle se protocolizó este miércoles: el regreso de su acción a las transacciones de la Bolsa de Colombia. Ahora la empresa muestra una cara renovada para volver a empezar tras una crisis que llevó a considerar, inclusive, su liquidación.

El miércoles regresaron al mercado de valores cerca de 480.000 millones de acciones, tras la suspensión que de las mismas hizo la Superfinanciera, a un valor nominal de un peso. En el momento de la última suspensión de la acción, esta se negociaba a 1,15 pesos.

Las pérdidas acumuladas de la empresa superan los 150.000 millones de pesos, a un ritmo de 12.000 millones de pesos mensuales. Adicionalmente la indemnización que se hizo en el acuerdo no estaba en los balances y entra en los estados de pérdidas y ganancias. En palabras de los analistas, aún habrá que esperar un tiempo para que el balance "salga totalmente limpio".

La noticia genera mucha expectativa, pues si cuando estaba en su peor momento, en las puertas de la liquidación, la acción de Coltejer fue la más rentable del mercado bursátil, por la expectativa de la venta a los inversionistas mexicanos, ahora se trata de la acción de una compañía totalmente nueva y en plena plataforma de despegue.

Lo que resta de 2008 será un período de acomodación de Coltejer, que ya no tendrá problemas de flujo de caja. Y el verdadero balance "limpio" entrará en agosto, que deberá marcar la pauta para darle pistas y guías al mercado.

Y aunque los analistas prefieren ser discretos para no invitar a la especulación, lo cierto es que hay varios elementos a favor de Coltejer hoy. Primero sus nuevos dueños, su proceso de reestructuración, el decreto emitido por el Gobierno en el que permite la importación sin aranceles de 35.000 toneladas de algodón durante el segundo semestre del año, que fue interpretado por Interbolsa como "una movida que le ayudará a la mayor exportadora de textiles del país a reducir sus costos debido a que tendrá acceso a un tercio de la cantidad de algodón que se permitirá importar", anuncio que beneficia también a Fabricato.

La negociación es el epílogo de un capítulo en la historia empresarial de Colombia en donde la Organización Ardila Lülle salió airosa con la venta de una compañía que se había vuelto incómoda y cuyo sostenimiento le costaba al mes cerca de 12.000 millones de pesos.

El industrial Carlos Ardila Lülle, presidente de la Organización y quien había adquirido a Coltejer en los años 70, delegó en el empresario José Roberto Arango Pava la misión de sacar de la crisis a la empresa, la cual en sus épocas doradas llegó a contar con 17.000 empleados y que tiene unos tres mil jubilados.

Arango asegura que fueron los pensionados quienes le dieron luz sobre qué ruta seguir para sacar a la compañía del túnel. Y aunque los cinco sindicatos que tenía Coltejer se opusieron a una reestructuración que la dejara apta para ser vendida, ya que implicaba renunciar a todo lo adquirido por convención, Arango propuso una fórmula novedosa: pidió a los sindicatos acceder directamente a los operarios y adelantó una encuesta en la que el 96 por ciento aprobó la reestructuración que le dio la victoria, ya que la única salida en ese instante era declarar la quiebra, que podría llevar a los trabajadores a enfrentarse a una serie de litigios largos y complicados para reclamar sus prestaciones sociales.

Así las cosas, los trabajadores renunciaban a sus derechos convencionales pero ganaban su indemnización y recibían el número de acciones de la compañía equivalente a la deuda que la empresa tendría con ellos.

El llamado Plan de Salvamento aplicó la misma receta a los acreedores, empezando por la banca, los proveedores y el Gobierno. La enorme capacidad de convicción de Arango le alcanzó para atraer la inversión de la empresa textilera más grande de México y ahora la más grande de América, luego de la negociación con Coltejer.

Toda esta jugada fue para la Organización Ardila Lülle un cambio de posición que, aunque le quitó un piano de encima, no deja de tener un costo alto, pues debió entregar toda la participación accionaria, las acreencias en la ley 550 por valor cercano a los 60 mil millones de pesos y se hizo cargo de los pensionados. Arango no tiene dudas en el sentido de que al "Grupo Ardila Lülle y a los trabajadores se les debe la salvación de Coltejer". 

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