A FINALES DE LOS AÑOS setenta Eduardo Granados llegó con su familia al barrio La Castellana, ubicado entre las calles 89 y 98, y la avenida Suba y la autopista Norte, en Bogotá. Desde esa época han vivido varios procesos, entre ellos, dividir su casa de dos plantas para hacer un apartamento y arrendarlo, y evitar la tentación de decirles "sí" a unos constructores interesados en comprarla para tumbarla y levantar un edificio de cinco pisos.
Sin embargo, en 1991, una alarma lo obligó a reunir a la familia y la decisión fue unánime: "Debemos irnos porque están llegando muchos negocios... es tiempo de vender..."
Lo hicieron -igual que otros vecinos y en cuatro meses la casa estaba remodelada e identificada con el letrero de una oficina, de las cuales ahora existen hasta cinco por cuadra. "Ellos tomaron la decisión en el momento preciso. Hoy, este fenómeno afecta cualquier idea de un buen negocio, más aún si se trata de barrios invadidos por comercio", asegura la ingeniera Claudia Alfaro, quien considera que las personas que no vendieron a tiempo corren el riesgo de no lograr buenos precios.
Para la abogada Nora Pabón el problema tiene dos lecturas: el comercio ilegal y el del propietario que a pesar de atender las normas abre su negocio de forma 'casera', desmejorando el entorno. "Y esto es fatal para el desarrollo de cualquier sector", asegura Pabón, quien reconoce que aún es común que barrios de estratos medio alto y alto compartan zonas de influencia con otros de medio bajo y bajo. "Los residentes se han acostumbrado a esta tendencia e incluso asumen los beneficios de los minimercados, las salas de internet, las floristerías y hasta los talleres a tan solo dos o tres cuadras, pero así, a distancia, no revueltos".
Para Gloria Bonilla de Almanza, presidenta de la Cámara Colombiana de la Propiedad Raíz, los casos de Quinta Camacho y sus alrededores, en la zona de influencia de la Avenida 72 sobre la carrera novena, en Bogotá, también son preocupantes. Allí hay comercio muy regular, lo mismo que en lugares aledaños al Gimnasio Moderno. "A estos se suman La Cabrera y El Retiro, donde la influencia de la carrera 15 y de los edificios de oficinas atrae otro tipo de comercio que deteriora los barrios, con el consecuente cambio de uso", asegura Bonilla, quien considera vital que en las Unidades de Planeamiento Zonal (UPZ) aprobadas se ponga freno al fenómeno, pues la reglamentación indica que el uso exclusivo es vivienda, con algunas salvedades sobre ejes viales principales".
Medellín, Cali y Barranquilla
El caso no solo se presenta en Bogotá. En Medellín, a lo largo de grandes corredores viales como la calle San Juan, la carrera 80 y en toda la extensión de la avenida 33, entre el río Medellín y la carrera 80, el cambio de vivienda a comercio también es una constante. Y aunque las principales quejas de los vecinos están relacionadas con el expendio, el consumo de licor y los juegos de azar, para el director de Planeación Municipal, Carlos H. Jaramillo, estos hechos más que un deterioro significa una transformación normal en el uso de esas zonas de fácil acceso.
Cali tampoco se escapa del fenómeno. De hecho, Carlos Enrique Escobar decidió remodelar la casona donde vivía en el barrio San Fernando, en el sur de la ciudad, cuando vio que se estaba convirtiendo en una zona comercial. "La convertí en edificio y dejé espacio para una peluquería", anota. Mientras tanto, en el norte de la ciudad la experiencia del barrio Granada tiene sus contrastes. En uno de sus sectores se concentran hasta 25 bares y discotecas, que causan agite en las noches de jueves a sábado.
El tradicional barrio El Prado, de Barranquilla, es otro de los afectados. "Quién iba a pensar que a estas alturas íbamos a tener semejante regalo", comenta un barranquillero raizal, residente en el sector y quien prefiere quedar en el anonimato por temor a que los propietarios de 17 moteles que funcionan las 24 horas tomen represalias.
El Prado, uno de los patrimonios arquitectónicos de 'La Arenosa' por sus casonas estilo republicano, y ubicado en el norte, fue un sector urbanístico modelo desde la década de 1920 hasta los años 60, época en que comenzó a ser invadido por el comercio que aún no para.
82 UNIDADES DE PLANEAMIENTO ZONAL (UPZ) están reglamentadas en Bogotá. Estas definen usos, volumetrías y normas de cada sector.