"LO HEMOS CONSIDERADO". Así respondió el presidente Uribe a una pregunta del Washington Post sobre si ha pensado en alternativas a la cercana alianza de Colombia con Estados Unidos, en caso de que el TLC no sea aprobado por el Congreso estadounidense (abril 20). El vicepresidente Francisco Santos ha sugerido que, si el TLC no se aprueba, Colombia deberá revisar sus relaciones con Estados Unidos. Aunque de otros sectores y analistas han venido opiniones más cautelosas, es innegable que un eventual rechazo del TLC por el Congreso norteamericano resultaría inexplicable para muchos colombianos, dado el profundo y costoso compromiso que ha asumido Colombia en la agenda bilateral con Estados Unidos. Pero hay incluso un escenario peor: que sea el propio presidente de Estados Unidos, el que será elegido en noviembre, quien cierre las puertas al TLC, o lo condicione de manera tan rígida que sea imposible su ratificación. Un rechazo en el Legislativo, por desagradable que sea, es más fácil de entender y asimilar: se puede explicar por los intereses políticos regionales que mueven a los congresistas. Pero de un presidente, quien se supone debe representar intereses más elevados, sería muy difícil entender tal actitud. Por esta razón, es indispensable entender qué piensan los tres candidatos que aún tienen opción.
Un tema difícil
El primer hecho que hay que tener en cuenta es que, en general, la opinión norteamericana está alineándose de manera muy vertical en contra del libre comercio. En una reciente encuesta de NBC y el Wall Street Journal, tan solo el 25 por ciento de los encuestados afirmó que la globalización de la economía norteamericana es una buena tendencia, y un 58 por ciento sañaló que es mala. Otra encuesta de Los Ángeles Times y Bloomberg arrojó que tan solo el 27 por ciento cree que el comercio internacional es bueno para la economía estadounidense.
La mayoría demócrata del Congreso actual tiene una agenda mayoritariamente opuesta a los tratados comerciales, cosa de la cual presumieron ruidosamente algunos de sus integrantes cuando, en días recientes, Nancy Pelosi logró que se aprobara un cambio de reglas destinado únicamente a congelar el TLC colombiano.
Los sentimientos populares en contra del libre comercio suelen crecer en época de recesión. Si la clase media pasa por problemas financieros, y además cree, con fundamento o no, que el libre comercio destruye empleos y se lleva a las empresas hacia los países en desarrollo, su hostilidad contra los acuerdos comerciales crecerá. Esa hostilidad es hoy muy fuerte en las áreas industriales, las cuales han sufrido pérdida de empleos por el traslado de las operaciones manufactureras hacia países como China. Paradójicamente, aunque por sus dimensiones la economía colombiana no es una gran amenaza para Estados Unidos, el TLC colombiano es y podría seguir siendo víctima de esos miedos, que a la hora de reaccionar no hacen estas distinciones. Y no ayuda para nada el complejo historial de derechos humanos de Colombia, el cual sirve como excusa perfecta a quienes desean que la discusión del tratado ni siquiera llegue a sus efectos económicos.
Claramente a favor
Veamos entonces qué se puede esperar de los candidatos. John McCain, candidato republicano, es el único que manifiesta un apoyo total y abierto al libre comercio y a los tratados comerciales, pese al costo político que esto puede significar. De acuerdo con Voting Smart, una organización que hace seguimiento al historial de los candidatos, desde 1997 McCain ha votado positivamente en el Congreso prácticamente todas las leyes comerciales, con excepción de aquellas que imponían trabas y restricciones. Votó a favor de la ley del CAFTA, y no participó en la votación del TLC con Perú. McCain ha dicho que: "El libre comercio es vital para el futuro de Estados Unidos". Jamás se ha expresado en contra del TLC con Colombia.
Demócratas en contra
El panorama se complica si pasamos al Partido Demócrata. Sus dos candidatos, Hillary Clinton y Barack Obama, han mantenido un discurso feroz en contra de los tratados comerciales. Esto lo registró en un editorial de febrero 28 el Financial Times: "El aspecto más preocupante de esta temporada de elecciones primarias es el consenso demócrata, según el cual el comercio libre es contrario al interés nacional". Tal vez el aspecto más visible de esto sea la actitud que ambos han asumido frente al NAFTA, el tratado de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, vigente desde 1994. Hillary Clinton cree que se debe modificar, y Obama ha prometido que, si es elegido presidente, llamaría inmediatamente a los líderes de México y Canadá para renegociarlo.
Ambos han hablado expresamente en contra del TLC con Colombia, y es probable que endurezcan su discurso contra el libre comercio en el contexto de la aún más reñida competencia que se presenta desde las primarias del 22 de abril.
La política, sin embargo, no es el arte de la consistencia, y ambos candidatos demócratas se han reprochado mutuamente por mostrar fisuras en su actitud contra el libre comercio. Recordemos el escándalo de Mark Penn, el asesor de Hillary que al mismo tiempo cabildeaba por el TLC colombiano, o los recientes comentarios de Obama sobre la "amargura" de quienes pierden sus empleos, los cuales fueron considerados elitistas. Pero la verdad es que, pese a que tales fisuras e inconsistencias son reales, lo más prudente, dado el actual contexto, sería esperar de cualquiera de estos dos candidatos una posición negativa frente al TLC. Cosa que, a juicio del ya citado editorial del Financial Times, es en últimas más perjudicial para Estados Unidos, pues entorpecería el propósito de reestablecer el multilateralismo y el sistema de alianzas internacionales. A nadie le gusta que le cambien las reglas.
LOS VOTOS DE CLINTON Y OBAMA
De acuerdo con Voting Smart, Hillary Clinton votó en el Senado contra la ley del CAFTA, pero a favor de las leyes de los TLC de Chile y Singapur, y a favor del TLC con Omán. Obama votó contra la ley del CAFTA, y a favor del TLC con Omán. Ninguno de los dos participó en la votación del TLC con Perú.
POR ANDRÉS MEJÍA VERGNAUD,
director del Instituto Libertad y Progreso.