LOS HECHOS OCURRIDOS en los últimos días ratifican que la crisis de la cual algunos expertos advirtieron desde mediados del año pasado, pero que no logró calar en los mercados financieros ni en las autoridades económicas de ese país, les están dando la razón y las cosas pueden empeorar. Es más, las expectativas de algunos analistas señalan que ésta puede ser la crisis más grande ocurrida en EE.UU. en más de 60 años.
"Hay muchas diferencias entre esta situación y la Gran Depresión del 29, pero ésta podría ser la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial", dice Martin Feldstein, ex presidente de la Oficina Nacional de Análisis Económico (NBER), uno de los organismos más serios de análisis económico de EE.UU.
Estas palabras las pronunció Feldstein antes de conocerse la compra de emergencia del banco de inversión Bear Stearns por parte de su archirrival JP Morgan para evitar que cayera en bancarrota. La compra se concretó el pasado fin de semana a un precio ínfimo de dos dólares por acción frente a los 30 dólares en que había cerrado el viernes en Wall Street.
En otros términos JP Morgan compró a su competidor con un descuento del 93%, eso sí, con toda la carga que le representan sus altas inversiones en títulos hipotecarios subprime que lo llevaron al desplome.
Esta fue una operación histórica para el mundo financiero y puede ser apenas el preámbulo de nuevas caídas de bancos y firmas de corretaje internacionales, golpeadas por la crisis de las hipotecas de alto riesgo, que se desencadenó a mediados del 2007.
Bear Stearns fue el primer banco de inversión que se declaró en crisis a mediados del año pasado cuando reventó la burbuja hipotecaria en EE.UU. Detrás de él vinieron varias entidades de Norteamérica y Europa que reportaron pérdidas multimillonarias en sus inversiones de portafolio.
De esas pérdidas no se salvó prácticamente ninguno de los mayores bancos del mundo, lo que hace suponer que nuevas caídas al estilo Bear Stearns no demorarán en presentarse.
Por eso es comprensible la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) no sólo de bajar sus tasas de interés, sino de ampliar los cupos de préstamos de emergencia a bancos de inversión y a firmas comisionistas de bolsa.
Hasta la semana pasada sólo los grandes intermediarios financieros tenían acceso a esos cupos, pero ante el agravamiento de la crisis hipotecaria, la FED debió tenderles la mano a otras entidades. La compra de Bear Stearns le dio al JP Morgan un nuevo impulso a su acción en la Bolsa de Nueva York, pero aún así el miedo a la crisis seguía golpeando a otras instituciones financieras.
Máxima alerta
Obligado por las circunstancias, el presidente de EE.UU., George W. Bush, lanzó un mensaje de calma al señalar el lunes pasado que la situación estaba "bajo control" y mostrarse dispuesto a actuar "con decisión" en caso de ser necesario. "Hay una cosa clara, atravesamos por momentos difíciles", dijo Bush, agregando que las autoridades económicas han tomado medidas "rotundas y decisivas". Lo inquietante del asunto es que pronunciamientos similares los hizo el mandatario estadounidense a mediados del año pasado cuando se sintieron los primeros efectos de la crisis. Lo que vino después fue una situación cada vez más grave, cuyas consecuencias aún nadie puede cuantificar.
En el sector financiero de Estados Unidos hay cifras preocupantes en materia de crédito como el hecho de que la ejecución de hipotecas se ha disparado más de 60% en el último año. En otras palabras, las deudas en mora crecen a pasos agigantados.
Las cifras de desempleo también van en aumento, lo que agrava la situación entre los inmigrantes. La tasa de desocupación creció dos décimas en febrero para ubicarse en el 5,4% de la población activa. Según el Departamento de Trabajo, ese fenómeno se dio a pesar de la creación en ese mes de 262.000 nuevos puestos de trabajo.
La estrategia de la FED de bajar sus tasas de interés para evitar el avance de la crisis del crédito hipotecario, abre el temor ahora de una laxitud en el control inflacionario. Por ahora, la situación parece bajo control si se tiene en cuenta que la inflación anual de febrero se ubicó en 4%, es decir, tres décimas menos que en enero.
Aun así, el riesgo de alzas futuras de precios es otro elemento que se suma a las expectativas negativas de los analistas económicos. El mayor temor es que una política de baja de intereses atice la inflación para formar con la recesión un coctel muy venenoso.