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LA DECISIÓN fue contundente, dura, y desafió muchos pronósticos: el pasado 22 de febrero, la Junta Directiva del Banco de la República anunció un aumento de 25 puntos básicos en sus tasas de interés de intervención, las cuales pasaron de un 9,5 por ciento a un 9,75 por ciento. Con esta medida, la máxima autoridad monetaria del país salió de una especie de laberinto al cual lo habían llevado las circunstancias económicas, pero para conseguirlo tuvo que derribar una de sus paredes.
En tiempos normales, la Junta Directiva del emisor no tiene mayores problemas para dar una orientación a sus decisiones: su mandato constitucional es el control de la inflación, y por tanto debe proceder en tal sentido.
Sin embargo, el contexto actual plantea un dilema nada fácil: en las circunstancias de hoy, el aumento de las tasas de interés para controlar la inflación puede provocar consecuencias negativas en otras áreas.
¿Cómo es este contexto? En primer lugar, la inflación ha venido aumentando de manera sostenida en los últimos meses, en particular en el área de los alimentos. En segundo lugar, persiste la revaluación, y a medida que el peso se fortalece en relación con el dólar, los exportadores sufren y el gobierno se intranquiliza.
En tercer lugar, sigue habiendo temores de que la economía colombiana pueda sufrir algún tipo de desaceleración, en particular cuando se anuncia que Estados Unidos puede entrar en una recesión, y se teme por el futuro de las relaciones comerciales con Venezuela.
Es este contexto el que había encerrado a la Junta Directiva del Banco de la República en un estrecho laberinto: cualquier decisión que tomase iba a ser con seguridad objeto de críticas y ataques desde varios sectores. Veamos.
Su primera opción era naturalmente subir las tasas de interés, pues su responsabilidad primordial es el control de la inflación. Así lo establece la Constitución en su artículo 373, que ordena a la banca central velar por que la moneda mantenga su capacidad adquisitiva. La Junta hace esto mediante una manipulación de la cantidad de dinero que circula en la economía. El instrumento para hacer tal cosa son las tasas de intervención, las cuales, si se aumentan, reducen esa cantidad de dinero y ayudan por lo tanto a controlar el nivel de precios.
Pero el aumento de las tasas trae consecuencias por otros flancos.
En primer lugar, si en Colombia suben las tasas de interés, y se abre un diferencial muy grande entre estas y las de la economía norteamericana, es muy probable que algunos capitales, los cuales andan por el mundo en busca de mejor rentabilidad, opten por venir hacia nuestro país. Esto implica llegada de dólares, y por tanto mayor revaluación del peso. Cosa que se hace más dramática en el contexto actual, pues la Reserva Federal, máxima autoridad monetaria de Estados Unidos, ha bajado sus tasas de modo muy pronunciado.
En segundo lugar, hay un temor de que, al aumentar las tasas de interés, se ponga un lastre al dinamismo de la economía nacional, y por tanto las posibilidades de una desaceleración sean mayores. Con esto vienen horribles temores: encarecimiento del crédito, freno a la actividad productiva, posible impacto en el empleo, etc.
Presiones empresariales
Se hallaba entonces la Junta atrapada en un cerrado laberinto: si subía las tasas para cumplir con su función constitucional, tendría que arriesgarse a provocar una mayor revaluación, y tal vez a que la economía se desacelere un poco. Tendría también que enfrentar las críticas de muchos sectores, como los exportadores, los gremios empresariales, y el gobierno, en particular el Ministro de Agricultura, quien ha sostenido con vehemencia que las tasas no deben subir.
Si no aumentaba las tasas, se corría el riesgo de que la inflación siga subiendo de modo preocupante, y empiece a castigar el bolsillo de los consumidores y los asalariados. Además, se exponía a la crítica por no estar cumpliendo su rol constitucional, e incluso por ser excesivamente laxa en su política monetaria. Cosa que a su vez, en el largo plazo, podría provocar ciclos económicos muy fuertes.
Con su decisión del viernes 22, la Junta derribó uno de los muros que la encerraban en este laberinto: dejó en claro que su preocupación principal es la inflación, y que su actuación se dirigirá a controlarla.
Para justificar la medida, mencionó la situación actual de los precios y sus perspectivas futuras, en las cuales ve factores de riesgo.
También señaló que el peligro de que la desaceleración norteamericana contagie a Colombia es por ahora remoto.
Seguramente vendrán muchas críticas. Varios analistas, como Rudolf Hommes, habían señalado que tal vez era más prudente no modificar las tasas. En su columna de El Tiempo (feb. 22), el ex ministro advirtió que el problema de la inflación de alimentos es independiente de los factores monetarios, y que por tanto la tasa de interés no lo resolverá.