Inflación o crecimiento

La junta del Emisor buscará fórmulas para bajar la inflación sin frenar la economía

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LA SITUACIÓN ECONÓMICA, ya se sabe, está cambiando. Y sobre todo, por el entorno internacional: el nerviosismo en las principales bolsas del mundo continúa, la crisis política con Venezuela se agrava, y la recesión de Estados Unidos se empieza a sentir. Aún no es claro cuál será el efecto de estos cambios para el crecimiento de la economía colombiana. Pero lo que sí es un hecho es que las miradas se concentran en las autoridades: ¿Cambiará el Banco de la República las tasas? ¿Variará el gobierno sus metas para el 2008? ¿Se inyectarán recursos -como en Estados Unidos- para moderar un eventual ciclo recesivo?

Los malos vientos soplan por igual para todos los países. Pero en comparación con América Latina hay dos factores que incrementan las inquietudes sobre la vulnerabilidad de Colombia ante las nuevas corrientes: el déficit en cuenta corriente, el único de América Latina, y la tendencia a que los precios suban más rápido. Por eso, más que en cualquier otro lugar, se escuchan tan repetidos llamados a la prudencia y la calma. "Como nadie sabe de qué magnitud podrá ser la recesión en Estados Unidos ni el impacto que podrá tener, lo más conveniente es quedarse quieto, tanto en el frente fiscal como en el monetario", recomienda el analista de Fedesarrollo Mauricio Reina.

El margen de maniobra para las autoridades económicas es muy limitado. A decir de los analistas, el Gobierno solo cuenta con dos instrumentos para enfrentar una eventual desaceleración más profunda de la que se tiene programada. Hay que recordar que la meta de crecimiento para este año es del 5 por ciento, dos puntos por debajo de lo que creció el Producto Interno Bruto (PIB) en 2007. Ya se habla, incluso, de la necesidad de que el Gobierno revise la proyección, hacia abajo.

Uno de esos instrumentos es impulsar la economía con más gasto, pero hay una limitante seria: el déficit fiscal. Este sigue siendo el talón de Aquiles y  existe consenso en el sentido de que el gobierno no aprovechó los buenos tiempos de 'vacas gordas' para reducirlo. Para este año se espera un déficit del sector público consolidado del 1,4% del PIB, que el año pasado debió cerrar en 0,7 por ciento, y del Gobierno central para los dos años del 3,3 por ciento. "Lo que debió hacer fue ahorrar para las épocas de 'vacas flacas', pero no lo hizo. A todo se suma además el déficit en cuenta corriente que está en el 4% del PIB", puntualiza Reina.

El segundo instrumento, con el que tampoco tiene margen de maniobra, son las tasas de interés. Lo que dictan la cátedra y la práctica es que si hay una desaceleración de la economía, de inmediato se deben bajar las tasas de interés para incentivar la demanda e impulsar el crecimiento.

Pero en este momento hay una alerta inflacionaria que se confirmó con el resultado de 2007: 5,69%, más de un punto por encima de la meta que había establecido el Banco de la República. "Lo que va a ser muy importante, tanto para el Gobierno como para el Banco de la República, es estar atentos a que no se vaya a subir la inflación, porque de lo contrario el Banco de la República se pondría intranquilo y subiría las tasas de interés, lo que sería inconveniente para el crecimiento de la economía", explicó el ex ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo.

Por esto, el director del Centro de Estudios Económicos de la Escuela Colombiana de Ingeniería, Eduardo Sarmiento, es partidario de cambiar el modelo del Emisor porque el que hay se agotó. "Solo tiene un instrumento que son las tasas y un solo objetivo que es la inflación. Mi propuesta es tener varios instrumentos para que haya varios objetivos", dice Sarmiento.

¿Qué otros instrumentos? Una tasa de cambio fija, por ejemplo. "Hay que intervenir el tipo de cambio en forma directa. Definir cuál va a ser la tasa de cambio y sobre esa base adquirir divisas. Extender el control de capitales, que no solo cubra los de corto plazo y de portafolios, sino determinar un control para todos", agrega Sarmiento.

En cambio, el Fondo Monetario Internacional (FMI) es partidario de mantener la flexibilidad cambiaria para respaldar el marco de inflación objetivo y "para que la economía pueda reaccionar rápidamente a los cambios de las condiciones externas". Sin embargo, algunos expertos consideran útil la regla de intervención automática encaminada a controlar las variaciones bruscas del dólar.

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