Un balance con los más y los menos del 2007, y alertas sobre la necesidad de blindarla en el 2008

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LA ECONOMÍA COLOMBIANA tuvo en 2007 uno de sus mejores años. Continuó un notable período de expansión que comenzó en 2003, sus principales indicadores mostraron niveles sin precedentes y los colombianos, en general, dieron muestras de optimismo y confianza. Al comenzar 2008, las proyecciones y sentimientos siguen siendo positivos pero, eso sí, se perciben algunas señales de alerta. Las cosas pueden estar cambiando. Es necesario introducir algunos correctivos para evitar problemas. 

Un año récord

Los datos definitivos mostrarán que la economía colombiana creció en 2007 cerca de 7% por segundo año consecutivo. Las cifras de inversión en capital fijo, de expansión de la industria manufacturera y de la construcción fueron extraordinarias. El consumo de los hogares se mantuvo en niveles elevados, impulsado por el volumen del crédito doméstico, por la revaluación del peso y la inversión extranjera.  El lado preocupante del gran dinamismo de 2007 fue, según el diagnóstico del Banco de la República, el recalentamiento de la economía. La demanda agregada ha estado creciendo por encima de la oferta durante casi dos años. Y cuando esto sucede, se produce la escasez de bienes y servicios, los precios comienzan a subir, la inflación se eleva y aparece un déficit en la balanza de pagos. 

El Banco de la República comenzó a dar señales de alerta en 2006. Indicó que la exuberancia de la economía colombiana era insostenible, que podía poner en peligro el proceso de crecimiento. Añadió que si se sumaba el exceso de demanda interna a los altos precios de bienes importados−como el petróleo y los alimentos-, la inflación comenzaría a subir. Y se dio a la ingrata tarea de incrementar las tasas de interés para enfriar la economía. Puso trabas al crédito y elevó sus tasas de intervención. Aunque al finalizar 2007 todavía había síntomas innegables de recalentamiento, el fuerte brote inflacionario ya había comenzado a ceder. De todas formas, después de varios años, la meta inflacionaria se incumplió y queda por hacer una dura y difícil tarea en el 2008.

La otra señal inequívoca del de sajuste de la economía fue el creciente déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos, que en 2007 llegó a casi el 4% del PIB, una cifra  preocupante. Este déficit, por definición, no es sino una muestra de que la inversión es superior al ahorro agregado, de que el país está gastando por encima de sus ingresos.

Y cuando una economía invierte y consume más de la cuenta, no sólo sube su déficit externo, sino que éste comienza a financiarse en exceso con recursos externos. Acude al crédito externo y a la inversión extranjera para cubrir el desbalance. De esta manera se llega a otro de los problemas centrales de la economía colombiana: la notable revaluación real del peso causada por la masiva entrada de capitales del exterior. Dicha revaluación cierra el círculo vicioso: afecta las exportaciones y facilita las importaciones, y por esta vía golpea el empleo. 

La receta para estabilizar una economía recalentada contempla que, además de tratar de frenar el consumo privado, tal como lo ha venido intentando el Banco de la República por medio del alza de sus tasas de interés, también se debe reducir el déficit fiscal o, si es necesario, producir un superávit fiscal. Distintos expertos coinciden en que, para evitar la revaluación y hacer frente a la situación actual, la economía colombiana debería estar registrando en la actualidad un superávit de más del 1% del PIB -varias economías bien manejadas, como la chilena y la peruana, han acudido, como una medida necesaria para la estabilización, a la generación de excedentes en sus cuentas públicas-. 

Detrás de la fuerte revaluación del peso colombiano está el déficit fiscal. Si el Gobierno estuviera produciendo un superávit, estaría cancelando la deuda pública interna y externa. Compraría dólares y estaría pagando a los bancos y tenedores de bonos del exterior. Sería un factor devaluacionista en el mercado de divisas.

A blindar la economía

Para mantener el buen ritmo de crecimiento económico y para protegerse de los problemas que pueden venir del exterior, la economía debe blindarse. El remedio está inventado.

El mayor frente de preocupación, donde pueden y deben hacerse más cosas, es el fiscal. En lugar de un déficit creciente en el sector central y en el descentralizado -sobre todo ahora que se habla de metros y grandes inversiones en las regiones-, debería producirse un superávit en el sector público consolidado. El nivel de gasto debe moderarse pero, sobre todo, debe ajustarse el nivel de los ingresos tributarios. Colombia no puede resignarse a tener una estructura tributaria atrasada, desordenada, perforada por un sinnúmero de excepciones y privilegios. El país debería tener un código fiscal moderno, simple, progresivo, propicio para el crecimiento económico.

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