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LOS DESASTRES NATURALES provocados por los cambios climáticos se han convertido en una preocupación cada vez más sentida en el mundo. La inquietud por estimular la reducción de emisión contaminantes y cómo conseguir recursos para apoyar proyectos 'limpios' ha llevado a que se desarrolle un mercado ambiental de capitales.
Colombia tímidamente está ingresando a la ola verde, aunque todavía son pocas las alternativas de inversión en este campo. En el mundo hay un mercado en crecimiento sobre el cual hay expectativas de rentabilidades atractivas a mediano y largo plazo. En el país hay seis proyectos ambientales avalados para recibir inversión internacional (ver tabla).
Las iniciativas tienen certificados de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero otorgados por la ONU y el aval del Ministerio del Medio Ambiente, que tiene en estudio más de 100 proyectos. "Para incentivar más proyectos, Colombia trabaja con gobiernos extranjeros, organismos multilaterales y ONG para identificar sectores que van desde generación de energía eólica, hasta generación de gas con los desechos de los rellenos sanitarios, en todo el país", manifiesta Juan Lozano, Ministro de Medio Ambiente.
Sobre el negocio, las rentabilidades se reciben por dos vías: por medio de exenciones tributarias, a través de tratados medioambientales suscritos por los países, especialmente de Europa, como el Protocolo de Kyoto (Japón), en 1997, en el cual se comprometen a reducir los gases de efecto invernadero en sus territorios o ayudar en ese propósito en otros lugares del planeta.
La otra alternativa es por medio de rendimientos financieros de inversiones en proyectos productivos, 'limpios'. Por ello, en los últimos años se ha desarrollado un mercado global de valores en el cual se negocian los títulos 'verdes' que la ONU otorgó a empresas que protegen el medio ambiente.
Existe incluso un índice que mide el desempeño de compañías que invierten en tecnologías amigables, el Citius. Está compuesto por 47 compañías que obtienen por lo menos el 50% de sus ventas o ganancias operacionales del negocio de tecnologías limpias y tiene una capitalización de mercado de más de 150 millones de dólares. Las compañías que componen el Citius tienen una capitalización total de 290.000 millones de dólares.
De acuerdo con el desempeño del índice, las empresas de tecnología limpia presentaron en el año que terminó en julio pasado un crecimiento cercano al 40%. Desde enero de 2000, el sector ha arrojado una tasa de retorno de 14,2% en promedio anual, por cada 1.000 dólares que se invirtieron en esa época, representan hoy cerca de 2.740 dólares.
En Colombia Skandia lanzó un producto de inversión en empresas con tecnologías limpias, Skandia Green, para la compra de participaciones en empresas comprometidas con el medio ambiente. "El último año se obtuvo una rentabilidad del 22% en dólares. En Colombia se colocaron 15 millones de dólares en este producto", dice Mónica Forero, del centro de estudios económicos de Skandia.
El mercado verde
La otra parte del negocio la constituyen los proyectos o empresas que pueden ser objeto de financiación. En el país empieza a surgir esta alternativa, aunque en Chile, Costa Rica y El Salvador tiene mayor desarrollo.
Los compromisos de reducción de gases de efecto invernadero del Protocolo de Kyoto dieron origen a la posibilidad de financiar proyectos ambientales en cualquier parte del mundo para cumplir las metas propuestas. Las empresas, especialmente europeas, que inviertan en estos proyectos pueden tener beneficios tributarios y cumplir con su cuota de reducción. Se estima que cada hectárea aprovechada para producir bienestar ambiental genera entre 2 y 4 dólares al año, lo que se convierte en una fuente de ingresos para países con alto potencial en recursos naturales.
En ese contexto, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (Eaab) recibió hace poco de la ONU la certificación de Reducción de Emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI) por el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), en el proyecto de la hidroeléctrica Santa Ana, para producir energía eléctrica, aprovechando la caída de agua que viene a Bogotá por túneles desde la Planta Wiesner, en La Calera.